Contraquerencia

Crónica de un fraude anunciado

En estos tiempos de globalización y de tecnologías de la información, desde media semana a habían trascendido vía las redes sociales, entiéndase Facebook y Twitter, las fotos del encierro para la segunda corrida de la temporada en la Plaza México. Los animalitos de la ganadería de Julián Hamdan causaron indignación por su apariencia de novillos, y de los chiquitos por cierto.

El fraude, ya muy anticipado, se consumó el domingo anterior provocando las airadas protestas de un público capitalino que ya está harto de que le vean la cara y le roben el dinero de la cartera.

Ante los hechos consumados queda la pregunta de quién es el culpable de tal atropello. ¿El ganadero, por anteponer el dinero ante la dignidad? ¿Los toreros, por exigir lo que saben que no son toros? ¿El juez de plaza, por carecer de autoridad y capacidad? ¿La empresa, por orquestar a todos los cómplices? El primero que debe ser señalado es el inepto o tal vez corrupto juez Gilberto Ruiz Torres, quien es un empleado de gobierno y que su responsabilidad es vigilar el derecho del aficionado. Desde haces años en la México, la figura del juez de plaza es de saca pañuelos, no hay exámenes post morten, no se rechazan toros por escasa presentación y seguramente permiten el despuntado con singular alegría.

Después del penoso incidente del domingo, la Asociación de Matadores, no se ha manifestado para decir que tomará cartas en el asunto para que sus agremiados lidien encierros acorde a su jerarquía de matadores de toros. Nunca la harán, aunque desaparezca su profesión.

La empresa nunca tampoco ofrecerá una disculpa, ni saldrá a manifestar que vigilarán que no vuelva a suceder un incidente como el de la México.

La unión de ganaderos tampoco sancionará a sus agremiados que se presten para tales desfalcos al aficionado.

Y por si faltaba algo, los toreros extranjeros seguirán burlándose en el rincón y diciéndoles a sus compatriotas que vengan a ganarse el dinero fácil a nuestro país.

El aficionado mexicano no merece tanto abuso, después del enojo y el cansancio, viene la depeción y la ausencia de los tendidos. Y todavía hay paleros que ingenuamente se sorprenden de que las plazas estén vacías.

El primer torero que anuncie que se va a encargar de que sus toros estén impecablemente presentados se vestirá de héroe. Pero ya es mucho soñar.