Contraquerencia

Cornada con aroma de mujer

La última corrida del 2014 en la Plaza México hizo juego con la patética Temporada Grande, que ha logrado con magistral tino mostrar la decadencia de la fiesta brava en la capital.

En lo que fue el décimo festejo de doce anunciados, el atractivo lo suponía la combinación de tres mujeres que en diferente medida dieron muestras de que no cuentan con argumentos suficientes para escalar a grandes alturas.

El caso más lamentable fue el de Karla de los Ángeles, a quien, cual acto de humor negro, se le concedió una alternativa sin tener mayor mérito para ser graduada en la lidia de reses bravas.

Lejos de convertirse en una ceremonia grata, el toro de la alternativa de Karla fue una pesadilla que de no ser por la bobería del toro, no terminó en tragedia. El saldo de dos cornadas suena a poco cuando se compara con lo indefensa que se veía la mujer en el ruedo.

Lupita López e Hilda Tenorio salieron como pudieron del compromiso en una corrida que no tenía razón de ser y en la cual, para colmo, hubo heridos en el callejón, como un adulto mayor que sin razón de ser estaba en el callejón, así como dos monosabios también heridos, luego de que dos toros saltaran al callejón; otro monosabio fue herido al ser alcanzado mientras trataba de auxiliar a Karla en el ruedo. Una demostración de las pobrezas en La México.

Faltan dos corridas más para que se cumpla con la obligación de la empresa de dar doce festejos, y el balance es que hasta ahora es una plaza que ha estado vacía, se han regalado orejas e indultos, y la lidia de animales sin presencia.

Para colmo, cada corrida se transmite por televisión a todo el país y a España, desnudando la pérdida de categoría de una Plaza México que fue referente del toreo en el país y ahora es una vergüenza.

La administración de la plaza es llevada por una empresa privada, en la cual da la cara Rafael Herrerías y atrás está el empresario Miguel Alemán. No se les puede pedir cuentas de un negocio en el cual ganan o pierden su dinero, pero es difícil entender que disfruten teniendo las peores entradas en la historia y haciendo el ridículo tarde a tarde. Lo que sí se les puede reclamar es el daño que le hacen a la fiesta. Ojalá se vayan pronto, la historia de La México no los merece.  

jesus.zarate@milenio.com