Contraquerencia

Consistencia y congruencia nivel cero

El episodio bochornoso del domingo anterior cuando se le impidió al peruano Andrés Roca Rey regalar un toro luego de haber tenido nulas opciones con su lote regular, retrata de manera perfecta la falta de congruencia con la que ha navegado la Plaza México.

El recurso del toro de regalo ha caído en el abuso, que convertía un último recurso en algo planeado por los toreros y empresarios. No había justificación para tantos toros de regalo o sobreros como les llaman en España. De pronto, esta temporada se cerró la llave de los regalos, pero para hacer valer las incongruencias de la empresa que maneja Rafael Herrerías se le concedió el favor al francés Sebastián Castella apenas unos días antes. Para nadie es un secreto que los jueces de la México obedecen sin chistar a la empresa, situación totalmente alejada de la de defender los intereses de los aficionados, lo cual debe ser su primordial función.

El tema de los toros de regalo se suma a la falta de criterio y de rigor en la concesión de orejas. Lo mismo un domingo se regalan al por mayor que otro domingo se niegan absurdamente.

Los errores que se decantan hacia la falta de seriedad nunca tienen consecuencias, pero los que caen en el otro lado provocan reacciones viscerales como correr a Gilberto Ruiz Torres, por negarle una oreja al Juli. Una plaza no se desprestigia por ser estricta, pero sí por ser benevolente, recordemos las burlas a Facundo Pañuelos en Texcoco. Nadie tomaba en serio las orejas conseguidas en la tierra del Faraón Silverio Pérez.

La cara más visible de esta falta de criterio se palpa con el nulo rigor con el que se autorizan los encierros a lidiarse en la Plaza México, donde lo que llegue en el camión tiene pasaporte directo al ruedo. Si bien nadie quiere un toro con trapío exagerado, tampoco existe un criterio relativamente congruente de lo que deber ser un toro digno para La México. Otro aspecto de la falta de consistencia, es la disparidad en la conformación de carteles, solo por citar un ejemplo nadie entiende la presencia en tres tardes del junior Fermincito.

Esperemos que por el bien de la fiesta, la del domingo sea la última corrida de Rafael Herrerías al frente de la Plaza México, urge un cambio de timón, que cuando menos le dé al coso más importante del país un rostro consistente.


jesus.zarate@milenio.com