Contraquerencia

Coahuila, resultado del abandono

La prohibición de las corridas de toros y de toda actividad taurina, incluyendo festivales y tientas en Coahuila, se ha expuesto como el resultado de un conflicto entre el actual gobernador, Rubén Moreira, y el empresario taurino y ganadero Armando Guadiana.

A todas luces, el gobernador echó a andar la maquinaria de poder para ordenarle a los legisladores que aprobaran el dictamen, que no responde a un sentimiento de la población ni a una necesidad, tampoco sirve para resolver ningún problema de los coahuilenses, al contrario elimina una fuente de trabajo y actividad económica, que en estos tiempos hace mucha falta.

Poco antes de la votación en el Congreso coahuilense, vía redes sociales, se hizo un esfuerzo por juntar la mayor cantidad de firmas en defensa de los toros; unos días antes, empresarios y taurinos se reunieron con políticos de ese estado en un esfuerzo desesperado que no rindió frutos. Lo que sigue tiene que ver con tribunales, demandas de amparo y otros recursos legales para dar marcha atrás a la decisión del Congreso.

Me ha llamado la atención la inacción de los toreros. Cuando menos esperaba que el día de la votación matadores y novilleros hicieran presencia en el Congreso de Coahuila. A final de cuentas su profesión es la que se está prohibiendo, pero la pasividad ha prevalecido.

También se ha repetido el discurso de que la afición tiene que llenar las plazas para defender la fiesta brava. Coincido con que si estuvieran llenas, los políticos difícilmente se atreverían a tocar los toros, pero hay que tomar en cuenta que están vacías porque ganaderos, empresarios y toreros ofrecen un espectáculo que ya no es atractivo para las mayorías.

Lejos de mandar reproches a los aficionados, los actores taurinos deberían preocuparse por dar un espectáculo digno.

Cada toro despuntado, cada novillo lidiado en corridas, cada manso que salta al ruedo por imposición de las dizque figuras, son los mejores argumentos de los antitaurinos. Coahuila es una fuerte llamada de atención.

jesus.zarate@milenio.com