Contraquerencia

Aires de indignación

Tal vez la comparación suene completamente desproporcionada y, de hecho, sí lo es, pero resulta mucha coincidencia que nuestro país pase por momentos de una profunda indignación por los sucesos de la vida pública y, al mismo tiempo, en el ámbito taurino campea una notoria y creciente discrepancia con lo que acontece en la Plaza de Toros México.

Pero no se trata solo de una casualidad, sino de una realidad de nuestros tiempos. El escenario en donde la sociedad ha comenzado a manifestar su indignación ha sido primero en las redes sociales. De manera que los sucesos como el de Tlataya, los estudiantes desaparecidos en Iguala y el escándalo de la Casa Blanca, primero crecieron en la red y luego se han materializado en las calles y la vida pública.

Lo mismo sucede en los toros, luego de un serie de abusos sistemáticos de la empresa de la Monumental Plaza de Toros México, que con el mayor cinismo se burla de los aficionados con ganado indigno y el regalo a discreción de orejas, con lo cual ha logrado devaluar la categoría del máximo coso y alejar a los aficionados. Taurinos de aquí y de otras partes muestran su enojo en red, lo mismo que sucede en la vida política, ya sea con críticas duras o con los novedosos “memes” que ridiculizan a los siniestros personajes.

En el ámbito de la vida pública es aventurado dar un pronóstico de lo que puede acontecer, pero en lo que nos concierne, el tema de los toros, hasta donde la vista alcanza sólo haya dos escenarios posibles. El primero y más fatalista de todos, es que todo se quede en las quejas cibernéticas y que el público se siga alejando de la Plaza México, condenándola a una lenta muerte por inanición. El ambiente triunfalista del empresario Rafael Herrerías y comparsas seguirá sin que hagan reflexión del daño que le hacen a la fiesta.

El otro escenario, menos probable pero mucho más deseable, es que los toreros, al final de cuentas, que son los que tienen su oficio en peligro, se unan en un esfuerzo en conjunto para ser garantes de la categoría de la Plaza México.

Para no ir más lejos, el domingo anterior Miguel Ángel Perera, máximo triunfador este año en España, se prestó a lidiar novillos impresentables. Muy diferente hubiera resultado si el torero, cuidando su imagen y a su público, hubiera pedido la presencia del auténtico toro bravo.

Al público ya no le hacen caso, los ganaderos están agachados y los únicos que pueden hacer algo son los toreros, urge que se indignen con lo que pasa en la México.

jesus.zarate@milenio.com