Y esa señores fue la Final que no ocurrirá


El Cavaliers de Cleveland contra Spurs de San Antonio del jueves fue el mejor partido en lo que va de la campaña. Eso, claramente, es una opinión y más allá de los 57 puntos de Kyrie Irving y la victoria de los Cavs en tiempo extra, nos dio una probadita de lo que es presente contra pasado, amanecer y ocaso, jin y jang. Una fenomenal lección de una forma que solo es posible en el deporte.

Los recuerdos de la barrida de Spurs a Cleveland en 2007 emergieron todo el tiempo, porque Spurs se está levantando, por fin tienen a Kawhi Leonard (lo confieso, yo amo a Kawhi) y Tony Parker sanos y cualquier empuje por una última expedición para darle el sexto anillo de campeón a Duncan es ahora.

Del otro lado, LeBron James entiende lo que significan los Spurs, no solo porque es el equipo más dominante y consistente desde hace 15 años, sino porque dos veces han arruinado la campaña de James y la última originó que regresara a Cleveland, así de simple.

El lenguaje no verbal de James nos lo decía todo: él quería este juego como nada en el mundo, sin importar que no se vuelvan a ver (lo más probable), había que sentar un precedente: contra Spurs siempre va a ir con las navajas en alto, y eso es porque los texanos son autores de algunas de sus peores pesadillas.

¿Y Spurs? ¡Demonios!, ellos también lo deseaban con locura. No porque implique para otros que Cavaliers sigue siendo su perra, no. Es porque San Antonio, con esa disciplina militar e indiferencia a lo que piense quien sea, ya no se pueden dar el lujo de perder y tras su Rodeo Trip (como se llama a su serie de partidos como visitantes de febrero) del que salieron 4-5, necesitan recobrar los ánimos y enfilar a playoffs de forma correcta para que su caída ahí no se vea como falta de compromiso, (conocemos la rutina coach Pop).

Por eso fue algo genial ver el festejo de Duncan cuando Danny Green anotó un triple para que Spurs obtuvieran ventaja de nueve puntos a poco más de tres minutos de finalizar el cuarto periodo. Luego vino la racha de 15-6 de Cavs, incluyendo el precioso triple de Irving para empatar. Como decía el difunto Pepe Espinoza (además de promocionar descaradamente el pan Wonder...), todo un drama que una película no podría entregar en vivo, solo el deporte.

Y en el tiempo extra los Cavs anotaron 18 puntos. Con unas ganas así, pocos pueden oponer resistencia. Kyrie anotó 11 tantos tan solo en la prórroga, incluyendo dos triples rompe espaldas. James se dejó ir con un triple lleno de odio a sus pasados tiranos, que le dio cinco de delantera a los Cavs y que festejó como si estuviera obteniendo el mismísimo trono de Westeros (lo siento, sobre dosis de Game of Thrones).

En fin, una victoria de esas que forja carácteres en el caso de los Cavs, y de esas que demuestran porqué los Spurs no son los mismos luego de un año en que fueron campeones, una dinámica que se ha repetido desde que el coach Pop y Timmy sostienen el proyecto.

El final perfecto de esta historia sería que esos auténticos discípulos del estilo de los Spurs: los Hawks de Atlanta, destruyeran en la Final del Este a James y sus protegidos, una final de Conferencia que desde ya se antoja con vehemencia.