¿De aquí sale un campeón?

Si usted no vio el partido entre los Warriors de Golden State y los Hawks de Atlanta, se perdió el partido del año (¿Pero qué estaba viendo en su lugar, una repetición de Mi Gorda Bella?)

Vimos a dos equipos que contrario al resto de los competidores de este año, (que ven en sus hazañas como solo producto de la buena suerte), se creen perfectamente que ellos podrían estar jugando en junio la Final de la NBA (mientras el comisionado Adam Silver y las televisoras quizá se estén dando de topes en la cabeza por los bajos ratings televisivos que tendría en el papel tal serie).

Y se pudo ver en la cantidad de triples, 15 de Atlanta y 12 de Golden State, que será un tiroteo inmisericorde, una fábrica de jugadas de antología. Porque nadie en estos momentos practica el básquet al nivel de estos dos equipos, en verdad, ya parecen en otra liga y si más franquicias siguen su ejemplo, la NBA no adolecerá de espectáculo nunca, ¡en verdad!

Porque llegaron a su primera de dos citas con el plantel sano (solo faltó Thabo Sefolosha por los Hawks, que será un seguro elemento en playoffs dada su capacidad para marcar a guardias tan atléticos como Andre Iguodala).

Y se pudo notar que Steve Kerr, el coach de los Warriors, sabe que los equipos tiradores pueden muy bien ser un espejismo (a mí me recuerdan demasiado, por momentos, a los Suns de Steve Nash y ya sabemos cómo terminó esa trágica historia).

Vimos de lo que son capaces los sanfranciscanos cuando tienen sanos tanto a Andrew Bogut y a David Lee, son una defensiva temeraria, y además la ofensiva más prolífica, imaginativa y creativa que se ha conocido en mucho tiempo, que en algunas jugadas incluso superan la máxima del coach Mike D' Antoni de los siete segundos o menos: te clavan puntos en cuatro segundos.

Y cuando el agua les llegaba a los aparejos, apareció en un par de ocasiones Klay Thompson y Stephen Curry para empatar el juego y amenazar con alguna de esas explosiones ofensivas que caracteriza a los equipos del Oeste, algo de lo que se cuidó a niveles obsesión compulsiva el equipo de Atlanta.

Y hablando de ello, lo de Atlanta debe de llenar de orgullo tanto a los fanáticos de la franquicia con sus pósters llenos de polvo de Dominique Wilkins, como a los que creen que, si bien el Oeste es el laboratorio de las ofensivas, en el Este están los equipos que les gusta rascar el pavimento con las uñas, siempre ha sido así, es una tradición.

Al final fueron los triples, incluyendo los 15 puntos de Mike Scott (vaya atleta) en la segunda mitad, los que hicieron que los Hawks tomaran el triunfo más espectacular de su ya de por sí espectacular campaña. Fue genial que tanto Al Horford como Paul Millsap entendieran que era una pelea callejera, que Bogut y Lee no les iban a dar absolutamente nada, y que esos dos, a su vez, captan que aunque ahorita es el casi artístico show de técnicas de Curry y Thompson, cuando llegue el momento tendrán que convertirse en un equipo capaz de jugar rudo y sin tanta ceremonia, algo que Atlanta ni siquiera tiene que buscarlo mientras tengan a Al Horford (jugadorazo) sano.

Y hablando de ello, si estos dos llegaran a un duelo final en una inédita final que más bien recordaría a los setentas o algo por el estilo, yo creo que Atlanta se alzaría como campeón para culminar una de las más insólitas campañas de que se tenga memoria.

La razón es que aunque Kerr sabe aprovechar al máximo el legado del ex coach Mark Jackson (que quería un conjunto sólido y defensivo a la par de un ataque mortífero), Golden State depende demasiado de sus tiradores, y parafraseando al gran Charles Barkley, a la mera hora esos equipos son los primeros que caen.