A Ras de Duela

Sistema es el nombre del juego

Si sistema es el nuevo nombre del juego, ¿porqué los Cavaliers de Cleveland tienen tanto problema en entenderlo? Festus Ezeli es un jugador de Golden State que si estuviera en otro equipo probablemente sería uno de los últimos de la banca, Shaun Livingston, tiene un estilo de juego muy específico, lo que lo hace brillar solo ante ciertas situaciones. No son estrellas, jamás lo serán, pero son los que acaban con la entereza de cualquiera cuando te hacen puntos con la confianza de genios del básquet.

Todos ellos son jugadores de la NBA más bien ordinarios, cuya grandeza en Golden State es que forman parte de un rompecabezas armado para jugar a "algo" muy específico y lo han perfeccionado con una rapidez escalofriante ¿Entonces, porqué Cleveland sigue pensando que es Stephen Curry haciéndoles 35 puntos en tan solo tres cuartos?

¡Fue una victoria por 34 puntos!, ¡ante el mejor equipo del Este!

Es la tara mental de los Cavs, no entender que el juego cambió, que no importa cuántas estrellas reúnas, desde los Pistons de 2004, puedes echar abajo el ego de una potencia jugando en equipo, con un sistema y ganas de sobresalir. Solo que los Dubs son una evolución, son un sistema que aprendió a ser una potencia.

El sistema de los Warriors es el que convierte a los jugadores en estrellas, un constructo que tardó bastante en dar frutos, que sintetiza un montón de teorías y décadas de filosofías de basquetbol, trabajadas en un conjunto que para colmo de males (de la competencia), juega con desparpajo y confianza de reta callejera, es algo en verdad bello de ver.

No es una llamada para despertar de Cleveland, es un puñetazo en la cara, pues incluso con esa derrota, es difícil creer que en el Este haya otro equipo que pueda enfrentarse y ganarle a Cleveland (lloro por el Este). Lo de ayer fue técnica mafiosi de intimidación: "si los llegamos a ver en una Final, otra vez, (cosa muy posible) no tienen la más mínima esperanza".

Nada sutil, lo de ayer fue el bully aterrorizador del barrio firme en su apuesta por seguir esparciendo miseria sobre sus víctimas.

Y entre tanto, LeBron James lo ve como un duelo de boxeo en que ganará el más fuerte. En esta época ganará el más pragmático, el más inteligente y el más meticuloso, el baloncesto moderno es una combinación entre ciencia, arte y sabiduría callejera. Y este deporte tiene el don de demostrar lo que el otro es.

Porque tras los bailes insulsos de Cleveland cuando apalean a un indefenso en el Este, los Warriors trajeron la verdad a su puerta (por lo que deben de agradecerles, creo yo): que los Cavs son los reyes de la colina de los desposeídos e indigentes, y que si se les ocurre retar por el título de la NBA, otra vez, serán aniquilados con una presteza sádica.

Si James no entendió el mensaje no es probable que siga en Cleveland mucho tiempo más. Se arrepentirá de haber dejado Miami, porque sería pesadilla reeditada, debacle 2.0, (y otra vez en un equipo con su amigo del alma Mo Williams... chin...), solo que esta vez sí tendría gran culpa de la derrota.

Cleveland en este momento es como el esclavo dando vueltas a la rueca, quizá espera que algún día termine su tormento, pero quizá solo estén recibiendo caricias antes de lo que les espera.