El problema de Cleveland es LeBron

En mis primeras memorias recuerdo a un joven LeBron James terminando con la era de los Pistons de Detroit en 2007 para llevar a su equipo a la Final, donde fueron derrotados por los Spurs. Luego hay una laguna, la mente viaja al último partido de LeBron en Cleveland antes de irse para el Heat de Miami, donde llegaría a cuatro finales consecutivas y obtuvo dos títulos. En ese partido, un orgulloso James parecía ya estar en South Beach en cuerpo y alma, renunció a su equipo al cual veía con reproche, con un enojo hacia ellos por no estar a su altura. Pobre tipo, pero yo lo vi.

Y siguen los recuerdos agolpándose en mi mente, cuando James sobajó a su coach Erik Spoelstra en la primera temporada de James en el Heat. Fue algo vergonzoso, pues cuando el coach Spo pidió un tiempo fuera, James se encontró de frente con él y con irrespeto no se hizo a un lado, avanzó y con su gran cuerpo hizo a un lado a Spo, el coach tuvo que apartarse de su camino, es el lenguaje no verbal que muestra una tremenda insolencia de James.

Esa tensión duró hasta que Pat Riley bajó de su oficina y fue claro: Erik es el coach y no hay cambio en ello. A la fecha no sé porqué ese equipo no corrió a hacerse pedazos, (ok, sí ocurrió cuando cayeron otra vez contra Spurs) pues James es la mayor bendición, pero también la mayor maldición a la que puede aspirar un equipo.

Es fácil entender que una personalidad brutal como la de LeBron es difícil de encauzar bajo las directrices humildes del trabajo en equipo, por eso Stephen Curry lo ha desplazado como el rostro de la NBA. James es un fenómeno, y jamás le han puesto a un coach al que podamos decir que respete. ¿Qué haría bajo la batuta del coach Gregg Popovich de San Antonio, o de Rick Carlisle de Dallas?, sería como ver un choque de trenes.

James jamás ha respetado a sus coaches, Mike Brown parecía su empleado, y el carácter diplomático del estupendo David Blatt no era una buena receta para lidiar con el ego del cuatro veces MVP. Es una tormenta de ser humano ese James, es una obra dramática a punto de ocurrir, ver ese rostro de autosuficiencia, mirar cómo sus compañeros lo tratan con un tacto que no debe ser exigido, sino que se gana, es como Kobe en su mayor instante de egolatría a la octava potencia. James lo ha exigido toda su carrera.

Por cierto, James le recetó el mismo irrespeto a Blatt, un sutil movimiento de sus hombros mientras iba a la banca. Son todas señales de su desdén por ser dirigido, y LeBron lo negará el resto de su carrera, pero en el fondo hay mucha evidencia de que él tuvo mucho que ver en que Blatt ya no sea el coach de Cleveland y se convirtiera en el primer entrenador que es despedido de un equipo que está en la cima de su Conferencia.

Corte en este caudal de recuerdos al nuevo entrenador de Cleveland, Tyronn Lue. Es triste. No porque Lue no se haya ganado la oportunidad, sino porque parece que Lue está maniatado.. Es triste que este entrenador parece más un amigo de LeBron (cuyo trabajo, por supuesto, es no decirle que no) y que en su facultad de Delfín del Rey, simplemente está condenado al fracaso.

Porque también es cómico cómo Lue, ante su baja estatura, tenga que utilizar un cojín especial para sobresalir de entre sus asistentes en la banca, no importa la experiencia que ha adquirido con Doc Rivers, simplemente no impondrá una nueva estrategia, es una salida a corto (sin burla) plazo pues creen que el dilema de Cleveland es simplemente organización.

James ya le dio una prueba a Lue de lo que le espera si intenta dirigir por encima de su propia apreciación. Muy sutil LeBron, durante una reunión en el vestidor, previo a un partido, interrumpió el breve discurso motivacional de Lue para dar su propia idea, la cual todos deberán respetar, fue espeluznante. Son situaciones que no han dejado a James construir algo como el líder, parece un hombre que quisiera ser todo a la vez.

No hay de qué quejarse, estos Cleveland parecen destinados a avanzar a la Final, pero de la misma forma, no hay forma en que un conjunto que tiene a LeBron en plan de dictador, pueda triunfar contra Golden State o San Antonio. El ver a LeBron estrellar y hacer pedazos otro equipo será un espectáculo magnífico.