De lleno en la era del point guard

Lo decían los profetas y agoreros del desastre, que ahora ven en el talento de un centro como Anthony Davis una de las razones por las que estuvieron prediciendo ese apocalipsis. Porque Davis creció desarrollándose como movedor y luego una racha de crecimiento en la adolescencia lo vio estirarse 45.7 centímetros en solo 18 meses para convertirse en un jugador de otra posición.

También era premonitorio ver a Kevin Garnett, muy a la usanza europea, hundiendo los tiros de media y uno que otro triple ocasional. Una combinación de ambas tendencias, décadas después, y hoy día, equipo que no tiene a un buen movedor está condenado al limbo NBA y los delanteros o centros que meten triples son el último grito de la moda.

Repase esta lista: Stephen Curry, Chris Paul, Damian Lillard, Rajon Rondo, John Wall, Russell Westbrook, Mike Conley Jr, Kyle Lowry, Derrick Rose, Kyrie Irving, Jeff Teague, Tony Parker, Goran Dragic, James Harden (es escolta pero en realidad es el armador de su equipo), Ty Lawson, Ricky Rubio (cuando está sano), Kemba Walker y hasta Trey Burke.

Es la posición que exige talento y dedicación y como se dice, un equipo que no cuenta con buenos quarterbacks está condenado al olvido en la Liga. Porque no solo es la proliferación de tanto talento (y eso que se quedaron fuera de esta lista porque sus equipos no saben aprovechar sus talentos u otras razones). Deron Williams, Jrue Holiday, Patrick Beverley, George Hill, Brandon Jennings, Brandon Knight, Victor Oladipo, José Calderón, Michael Carter-Williams, otros armadores cuya habilidad y talento no está en entredicho.

Esa parece ser simplemente una aburrida lista de nombres, pero es significativa de que en los últimos años la posición de movedor se ha convertido en el nicho más competido, pero también porque la NBA está gravitando hacia ser una liga de guardias, no solo en la posición, sino en la mentalidad. Es fácil entenderlo cuando vemos a centros como Serge Ibaka, Chris Bosh y Kevin Love tirando triples y anotándolos.

Es un crecimiento desbordado en donde en la cima podría estar una rareza como Boris Diaw, el francés de los Spurs de San Antonio, que fácil pudo ser el MVP de las Finales pasadas debido a que su inserción en la plantilla era como meter a un centro con todo el talento de un movedor. Por ello nada extraña que el coach Popovich y el manager general R.C. Buford hayan corrido a seleccionar en el draft a Kyle Anderson, una suerte de delantero que parece formado en el mismo molde que Diaw.

Eso es predecir el futuro. Como cuando los Suns de Phoenix juegan con sus tres point guards simultáneos, Dragic, Eric Bledsoe y Isaiah Thomas Jr., o los Mavericks y su combo letal ahora compuesto por Rondo, Monta Ellis y Devin Harris, mientras desde la banca viene JJ Barea.

Porque el moderno estilo requiere que en realidad todas las posiciones tengan muy acentuada la mentalidad del guardia armador y el guardia tirador, porque está descubierto que las carreras de los jugadores durarán más si disparan y evitan las palizas y moretones por llevar el balón al aro cada noche, y la NBA ha planeado eso desde hace décadas, eliminando poco a poco las reglas que eran la basa del éxito de conjuntos dominantes a la defensiva y capaz de limitar al rival a risibles porcentajes.

Es ahora la filosofía imperante en el juego, como algún día era ideal conseguir a un centro élite.