¿Le ha llegado su ‘cordyceps’ a los Warriors?

Cuando la naturaleza encuentra una especie muy dominante en su camino, tiene formas casi poéticas para deshacerse de ella y limitarle las aspiraciones de forma cruel. Es en lo que estaba pensando ayer, mientras veía a Stephen Curry aterrizar después de una dejada muy ordinaria sobre el aro y luego salir rengueando.

Puede ser exceso de drama, pero hasta los aficionados de los Lakers exclamaron al ver la escena, porque no quieres ver caer a un fenómeno como el hijo de Dell y hermano de Seth de esa forma, quieres vencerlo (o esperar que alguien lo haga) y ver de qué más es capaz ese bendecido, y a esta altura no nos queda duda de que no hay límite para su talento.

Pero a la naturaleza le gusta pensar en forma distinta y obra de formas misteriosas para devolvernos sin ceremonia a lo limitada que es la especie, aun en un juego de basquetbol estás dinámicas son latentes. Me hizo recordar un video sobre un extraño hongo, 'cordyceps', que se implanta en el cerebro de las hormigas cuando las colonias de éstas amenazan con terminar con el equilibrio en la selva, nadie sabe de dónde viene.

El video es estremecedor, porque a la hormiga en cuestión le brota el hongo desde adentro y cuando éste explota, el polvo infecta a miles de esa especie y las bajas son incalculables, la especie aprende moderación, por la fuerza.

Siga en esa idea y Curry está conociendo la impotencia del atleta profesional con una lesión, el tener al equipo listo para la grandeza y no poder alcanzarla por algo que lo supera. El enfrentar la idea de que existe la posibilidad de que no ocurra más y todo se esfume, porque una lesión imprevista puede afectar los planes.

Bienvenido al drama de Derrick Rose y Kevin Durant antes que él, por eso ante la más mínima molestia, Steve Kerr, el coach de los Warriors, palidece y ordena que Curry no juegue más en la noche (y menos ante esa pera de boxeo que son los Lakers en este momento) y descanse, se puede palpara el pavor, en serio.

De pronto lo que parecían sueños de conquista nunca antes vistos, sobrepasar los 72 de los Bulls de 1995-96 (aún posible), se convierte en un mundano: "nuestro objetivo es el campeonato". De pronto la ambición dinástica se transforma en mesura y precaución, en miedo.

Si esto sigue, los Warriors no serán los mismos mentalmente y si su confianza se agrieta, todo puede ocurrir y más con los lobos rondando.

La naturaleza a enseñar humildad al incorregible ser humano, es un drama latente en NBA. ¿Recuerda a Chris Webber?, fue un jugador llamado a la grandeza y las lesiones lo borraron, en serio, lo borraron. ¿A Penny Hardaway, Grant Hill, Brandon Roy? En su momento todos ellos parecían mesías encarnados para sus franquicias, luego sus cuerpos dijeron 'no más' y su linda historia se acabó, y volteamos a otro lado para erigir otro tótem...

No culpe a los Warriors por el exceso de precauciones, su reto de administrar la abundancia ha cambiado a: "llega sano a abril" y con el equipo que tienen pueden lograrlo.