Las lecciones sucias para LeBron

Cuando se dice que el basquetbol requiere una mentalidad férrea y que los playoffs son la máxima prueba de esa entereza, no es broma. Ese juego en que los Cavaliers de Cleveland barrieron a los Celtics de Boston podría pasar como un simple partido de trámite, pero bien puede ser el encuentro que nos demostró que los Cavs aún tiene mucho por aprender para aspirar a regir en la NBA. Para empezar por esto: no te desangras ante un condenado a muerte, no gastas demasiados recursos en poner a dormir a quien sabe que dormirá una larga siesta.

Porque en el mismo Juego 4 en que Cleveland demostró que son una defensiva de élite, obligando a la desesperación a los Celtics con sus rotaciones defensivas sobre la línea de base y su transición al defender rompimiento rápido, subieron demasiado la intensidad de una serie ya de por sí física, algo innecesario, porque lo haces para mantener respeto ante quien en realidad no cuenta, y lo peor es que ése alguien, sabe que no cuenta este año. Lo que trae de vuelta el punto inicial: no te desangras ante quien no vale la pena.

Es quizá la razón por la que un coach novato jamás ha ganado la Final de la NBA, es donde David Blatt se tardó demasiado en apaciguar a su equipo en una serie que bien puede ser un momento decisivo en la campaña de Cleveland. Y es que ayer, Cleveland perdió a Kevin Love en una jugada de lo más fortuita, una pelea insustancial por un rebote. Love se dio cuenta de la gravedad y corrió a los vestidores tomándo su hombro dislocado. Luego vino Kendrick Perkins, un ex Celtic muy querido en la organización de Massachusetts, a hacer una brutal pantalla llena de ira sobre Jae Crowder que casi desata una pelea campal.

Ver la mirada de LeBron James en ese momento es como de novela, es como el tipo que ve a la distancia a dos trenes acercándose y a punto de chocar. Es casi como preguntar: ¿porqué no saludaron los Celtics gentilmente su esperado exterminio?, ¿porqué no admitieron la derrota y mejor se resignaron a su promisorio futuro?

Porque soy muy jóvenes, ocho de los jugadores en el equipo tienen menos de 25 años y el más grande es Gerald Wallace, que tiene 32 y no entra más que a darles consejos. Y a esos rijosos y combativos jovenzuelos, los Cavs les declararon una guerra física, nada caballerosa, nada inteligente.

Y eso es porque desde el principio quedó establecido en tres juegos, victorias de los Cavs, que éstos Celtics tenían muchas ganas, pero el talento no los sustenta, y aún así, los Cavs eligieron estrellarse en ellos por el simple placer de hacerlos desaparecer. Es decir, si vas a una racha larga en playoffs, no te desgastas en una conflagración con alguien que está destinado a desaparecer. Ahora, los Cavs tienen problemas en serio. La situación de Love puede muy bien minar de una buena vez a este equipo que ya venía convirtiéndose en una real amenaza, Kyrie Irving se reavivó una lesión del tobillo, LeBron James recibió una paliza en una serie bastante física y por último J.R. Smith.

El "regenerado" escolta de los Cavs, al que James mismo ve como su especie de caso Michael Jordan con Dennis Rodman a finales de los noventa: es decir, un jugador con problemas de conducta al que reclutan por su gran talento para una fórmula ganadora que será todo un reto añadir a la dinámica del grupo por su personalidad, alguien que parece veneno para la química de un equipo. Pues ese viejo J.R. que se creía olvidado, resurgió ayer. Fue en la jugada en que Smith iba por una tabla y luego de ganarla le volteó un manotazo en la cara al mismo Jae Crowder.

Vaya falta de inteligencia, otra de esas actitudes de wanna be pandillero del problemático jugador. Smith fue expulsado y ahora los Cavs tienen en verdad muchas cosas en qué pensar, heridas que parchar. Y todo por un cuarto partido que quizá ni valió la pena ganar.

El esperado Chicago contra Cleveland en segunda ronda se ha puesto más interesante ahora. Porque los Cavs han mostrado su mano, una que el coach Tom Thibodeau de Chicago estará encantado de estudiar y la, en apariencia intrascendente, serie de primera ronda contra Boston podría convertirse en el momento en que los Cavaliers perdieron su dorada oportunidad de un título.