El coach Pop ya tiene quién le escriba

Debido a una intervención médica menor no especificada, el coach de los Spurs de San Antonio, Gregg Popovich, no pudo participar en dos de los juegos de la pasada semana, ante los Pacers de Indiana, y Kings de Sacramento, y su asistente, Ettore Messina se convirtió en el primer coach europeo (nacido allá) en dirigir un equipo NBA. Los Spurs, que para muchos observadores expertos es virtualmente un equipo europeo en todos los sentidos, terminaron imponiéndose en ambos desafíos.

Hace poco el analista y comentarista de la cadena ESPN deportes, Álvaro Martin, comentó que le parecía que en esta época Popovich se estaba encargando de restregarle al resto de la Liga lo que por tanto tiempo habían ignorado y por la que lo excluían como una suerte de anomalía del resto de "la bonita familia" y que él se esforzaba en explicarles.

La razón le asiste a Álvaro. Y basta pensar en cómo es el coach Pop, el primero en emplear a una asistente mujer en un equipo de la NBA, Becky Hammon, y no por ser Popovich adalid de la liberación femenina o algo así; sino porque Becky es capaz y porque el año pasado Pop tuvo una campaña completa para trabajar con ella y enseñarle los puntos difíciles de la profesión, y este año nada más se oficializó lo que ya se venía trabajando.

También el coach Pop ha hecho escuela, a tal grado que este año estamos más que nunca ante una Asociación que por fin está entendiendo y poniendo en práctica los mensajes de este auténtico reformador del baloncesto. En otras disciplinas le llamarían visionario, pero por supuesto, en ésta, el coach Pop mismo se encargaría de bajarse a sí mismo un peldaño de ese pedestal e instaría a los demás a simplemente abrir los ojos y ver su entorno con más respeto.

Es algo que no se ha apreciado lo suficiente, pero aunque la NBA ha pregonado la globalización del juego durante décadas, en lo oculto siempre ha sentido un orgullo nacionalista por sus reglas y su cultura triunfalista, y al jugador extranjero siempre lo han tenido como el complemento de la maquinaria y lo que está quedando cada vez más manifiesto es que el juego está avanzando a una real globalización de sus reglas y de su cultura de cooperación.

Para muchos por eso el coach Mike Krzyzewski ha tenido éxito en la selección nacional de Estados Unidos, porque les enseña a sus jugadores los principios básicos de baloncesto colectivo: la cultura de compartir el trabajo y el éxito en un país en donde todos quieren ser como Jordan o Kobe o LeBron. Como se puede observar es una cultura y un mapa mental lo que está tendiendo a cambiar. Representado por la misma evolución de LeBron James del jugador que pensaba que un título le esperaba al final del arco iris por ser LeBron, a la súper estrella menos egoísta de los últimos tiempos.

Lo que está ocurriendo este año con Marc Gasol es en ese sentido imprecedente, porque distinto a Dirk Nowitzki en Dallas (el otro gran europeo que ha dominado en los últimos años), Marc lo ha hecho jugando de la forma tradicional en que domina un poste americano, de espaldas al aro y con una visión de campo completa que incluye el concepto de hombre grande de los estadunidenses y del de los europeos.

Se ha convertido en estos momentos en el MVP de la NBA, en su mejor centro, jugando con la fortaleza que según sus críticos, siempre le faltó a su hermano Pau, pero también con ese tipo de inteligencia que caracteriza a Pau.

Algo que el coach Gregg venía gritando desde hace años a una liga embelesada con su imagen en el espejo, insolentemente ignorante en cómo el baloncesto cambiaba allende a sus fronteras.

No solo es Messina, este año un puñado de equipos han puesto ya en marcha planes para progresar en sus respectivos planes trabajo con base al modelo Pop de "europización", del juego.

Las llegadas de Nikola Mirotic a los Bulls de Chicago, de Bojan Bogdanovic a los Nets de Brooklyn, no solo intentan darles a esos equipos lo que Pop supo adaptar y sacar de Marco Belinelli, o en distintas formas de sus nueve extranjeros actuales en el equipo; en el fondo es el mapa mental de lo que es un equipo, lo que es distinto.

Porque mientras en Estados Unidos el culto a la personalidad y el triunfalismo es algo muy hacendado en la mentalidad del jugador, el europeo, el extranjero, está acostumbrado a jugar en equipo (ajá, tal como los Spurs que tanto resucitan el juego colectivo que era también clásico antaño, a pesar de las grandes leyendas NBA), donde el juego se convierte también en una vuelta a los fundamentos que parece novedoso.

Culpen en parte a Gregg Popovich y a cómo este hombre, que durante lustros se ha encargado como rebelde del sistema (una posición necesaria) y prácticamente insolente del mismo, de subrayar patrióticamente sus anacronismos a la NBA, a tal grado que este año (con el coach Kerr, uno de los muchos entrenadores discípulos de la escuela Pop, y su inteligente manejo de los Warriors) quizá ya se esté hablando de la "popovisación" (o algo así) de la NBA. En ese nivel está don Gregg.