El coach Kerr sí sabe cómo hacerlo


A Steve Kerr deberían ya considerarlo para coach del año. Quizá suena demasiado audaz afirmar eso tras de solo semana y media de campaña de la NBA, pero lo que ha hecho en los Warriors de Golden State habla de una inteligencia notable que devuelve a los de San Francisco a ser uno de los equipos más espectaculares de la Liga.

No solo es esa marca de 5-1, después de quitarle a los Rockets su invicto en un emocionante partido el sábado y recibir su primera derrota ayer. O el hecho de que lo han logrado sin contar siquiera con David Lee (fuera hasta dos semanas más debido a una lesión en el tendón de la corva), es la inteligencia con la que está manejando la nave.

Kerr fue un fracaso como Presidente de los Suns de Phoenix y como analista (uno muy bueno, por cierto) para TNT se veía como de paso y es lícito afirmar que gracias a sus intervenciones llenas de sapiencia basquetbolera en las transmisiones televisivas y a su experiencia previa como jugador al lado de dos de los mejores entrenadores de nuestro tiempo, Phil Jackson y Gregg Popovich, Kerr iba a ser de impacto inmediato cuando algún equipo lograra ficharlo.

Es curioso que el anterior coach de los Warriors, Mark Jackson, también haya saltado de su puesto de analista para la cadena ESPN a dirigir a los mismos Warriors en 2011, y tras tres campañas en que los llevó a playoffs, pero nada más, la gerencia general de Rick Welts decidió terminar el proyecto con Mark.

Ahora se dirá que Jackson le dejó un proyecto armado al coach de primer año, y aunque tal cosa suena demasiado a verdad, la diferencia está en los matices, Kerr ha descifrado algo que Mark no pudo: cómo hacer que sus dos estrellas jóvenes, hijos de jugadores memorables se adaptaran a un sistema en que ambos formen parte esencial del mismo. Lo que nos ha regalado Golden State en sus primeros juegos es lo bueno que son cuando lo pueden practicar, se ve una idea que con Jackson estaba ausente.

Cómo hacer que este equipo, que por años y años tuvo una de las ofensivas más vibrantes y una de las aficiones más entregadas, con la Oracle Arena como uno de los aforos más ruidosos de la NBA, por fin pudiera encontrar el balance de ser también un equipo defensivo (algo que fue la prioridad de Mark) sin sacrificar un ataque que es necesario para sobrevivir en el día a día en la Conferencia Oeste.

Y su solución pasa por considerar que Stephen Curry no solo es uno de los anotadores más letales de triples, sino que efectivamente, puede ser un excelso point guard con un instrumental parecido al de Steve Nash (en los primeros partidos Curry ha diseccionado con sus botes en la pintura hasta encontrar al hombre libre, tal como el dos veces MVP y haciendo poesía baloncelística).

Y que Klay Thompson es un joven que obviamente ha estudiado los movimientos de Ray Allen y corriendo entre las pantallas puede funcionar como el líder anotador del equipo si se ejecutan el suficiente número de sets ofensivos para él.

La maniobra libera a Curry del imperativo del año pasado de anotar y reserva su energía para crear para sus compañeros, algo que también es muy bueno para la salud del point guard, cuya constitución fisica no parece capaz de soportar el castigo de shooting guard que recibe al intentar penetrar al aro.

Ahora el funcionamiento de este tándem en el backcourt simplemente hace ver a los Warriors por momentos como los discipulos más avanzados del estilo que los Spurs exhibieron en las Finales pasadas. Con Curry sirviendo como señuelo para jalar las dobles marcaciones favorece a encontrar al hombre libre en el perímetro y con las nuevas adquicisiones de los Warriors (el escolta brasileño Leandro Barbosa y el movedor especialista en jugar de espalda al aro, Shaun Livingston) listas para recibir el balón y controlar el tempo.

Y Thompson, tras anotar 41 puntos a los Lakers de Los Ángeles, fue vital para que los de Golden State le propinaran el miércoles una paliza de 17 puntos (el marcador no refleja la tunda aparatosa) a los Clippers, equipo con el que han construido una no del todo sana rivalidad en un mensaje enfático a los dirigidos por el coach Doc Rivers: El Pacífico es nuestro.

En el partido Kerr obtuvo la primera falta técnica de su carrera y si se quiere creer en que este ex jugador es un entrenador capaz de utilizar la psicología, se debe apreciar que la falta técnica más que una forma de frustración pareció una hábil manera de demostrarle a su grupo que como entrenador no será el Pablo Marmol, pan de Dios y buena gente que la mayoría cree que es (véanlo, ¡parece un oficinista!); que irá hasta las últimas para llevar al equipo al siguiente nivel.

De hecho es emblemático que lo que protestó Kerr es que Chris Paul había hecho ya su tercer acarreo de balón sin que se le marcara violación. Su equipo ganaba por una gran cantidad de puntos y seguía en un plan implacable contra los Clippers, tanto que motivó un largo sermón en el vestidor por parte del coach Rivers a los suyos, y no es en vano, los Clippers se toparán tarde o temprano a los Warriors en playoffs y si su desempeño es como el del miércoles nada bueno les espera.