A Ras de Duela

En la cámara de tortura del coach Pop

Si en algo está resultando la serie entre los Clippers de Los Ángeles es en la prueba rotunda para los angelinos: "¿quieren ganarse su derecho al primer título?, venzan a los Spurs, los preparará para cualquier cosa, en serio, les dará piel de asbesto". Soporten ese infierno en la duela y habrán conquistado, o al menos llevado su espíritu a la máxima prueba.

Para muestra el Juego 3, en San Antonio, ganado por los Spurs. Parece increíble que gracias a Chris Paul, los Clippers terminaron perdiendo solo por 8 puntos a la mitad del juego y con todo el ánimo de un juego remontable. Luego fueron limitados a 11 puntos en el tercer periodo, superados por 13 y aventajados por 21 luego de 3 cuartos en la victoria de 100-73 de los Spurs.

Pero en el resumen, fue la presión psicológica y las trampas del corazón a Blake Griffin: si el joven pelirrojo supera ésto, no hay nada que lo detenga en dominar algún día la NBA. En serio, no solo fueron los 15 puntos en el cuarto de Kawhi Leonard, que curiosamente estaba festejando su trofeo de Mejor Defensivo del Año y lo hizo con su máxima marca anotadora en playoffs (vaya absoluto fuera de serie), sino la marca de Tiago Splitter sobre Griffin.

Parece que la consigna del coach Gregg Popovich es que Splitter le jugara a Griffin al choque y si alguien tiene el físico para hacerlo y servir de carne de cañón en San Antonio, ese es el brasileño. Splitter le robó el balón a Griffin y se la pasó a Leonard para que éste comenzara su ordalía de puntos contra los Clippers. Luego le sacó falta ofensiva a Griffin, anotó una bandejita luego de un pick and and roll por la línea de base.

Ganó el rebote defensivo a la siguiente posesión de Clippers y volvió a detener y darle falta a un ya frustrado Griffin. Luego vinieron las dos jugadas jordanescas de Leonard (una bandeja a mano izquierda bajo el aro y luego un fade away por el ala izquierda) que extendieron la ventaja de San Antonio a 16 puntos.

Splitter luego bloqueó parcialmente un tiro de Paul y cometió una violación. Es curioso que cuando entró, Manu Ginóbili hizo exactamente lo mismo que Splitter, se le pegó como estampilla a Griffin para evitar que éste anotara en un contra golpe y el argentino le bloqueó un tiro. La cara de Griffin era de desolación, frustración.

Fueron Leonard y Splitter los autores de esa gema de tercer cuarto: Splitter manteniendo a raya a Griffin y Kawhi reduciendo a una pulpa a J.J. Redick, el francotirador de los Clippers tratando de hacer su mejor impresión de Ray Allen para levantar a su equipo.

Piense un poco el lector en los juegos mentales del coach Pop sobre el rival. Es decir, tras siete minutos de soportar el físico de Splitter, éste sale a la banca (y lo primero que hace es ponerse hielo en las rodillas luego de la paliza que es marcar a Griffin cuerpo a cuerpo) y de inmediato, el coach Pop cambia a Leonard a marcar a Griffin, con doble marca si éste recibe cerca del aro. Es un esquema para volver locos.

Se va la carne de cañón (Splitter) y te mandan al Defensivo del Año. Eso es tortura, física y mental.

Es como una clase de baloncesto para Griffin y si éste tiene lo necesario, la asimilará. Sino sucumbirá, y nosotros nos alegraremos pues otro pusilánime estaría abandonando el barco.

Todos los grandes recibieron ese tratamiento: Jordan a manos de los Pistons de Detroit; Kobe y LeBron a manos de los Celtics. El rostro de Griffin luego de otra jugada en que es reducido a cenizas, es de antología. Mira al suelo, busca la hombría con la que le hizo tres clavadas en la cara a Aron Baynes en el primer partido; voltea al oficial como un niño incapaz de entender porqué ya no es "súper" si su mamá se lo dice todo el tiempo.

Y juega en todos los frentes ese tercer cuarto para el cinco veces campeón: los Spurs se lo hicieron a la segunda mejor ofensiva de la NBA, a unos Clippers que están cansados de no pertenecer a la conversación de los contendientes; que están hartos de ser la pera de boxeo de los grandes y que están abrumados del trauma mental de ser tan talentosos y aún así no encontrar la forma, la identidad, tener su mejor año, en el que por fin encontraron una voz... y luego toparse a los Spurs en primera ronda. Es o de una suerte jodida, o una prueba suprema en el camino; esta en ellos cómo lo ven.

Es frustración sobre frustración y ahora que por fin pudieron ganar el primer juego y perdieron por tan poco el segundo, se encuentran 2-1 abajo, en el año de sus sueños, luego de recibir una azotaina en el tercer juego, y con una increíble tarea por delante.

Es como la prueba desde el purgatorio: ¿son lo suficientemente dignos?, superen a los Spurs y después, no importa lo que pase, estarán adquiriendo la templanza de un campeón; de lo contrario, únanse a las oleadas de carne sin vida que ha dejado a su paso esta formidable organización de Texas.