El Thunder es el Job de la NBA

Qué otra plaga puede caer sobre el Thunder de Oklahoma City? Por años la cantidad de atletas que han florecido bajo el mando de Sam Presti, mánager general del equipo, ha dejado temblando de envidia al resto de los competidores.

Desde que ficharon (aún como Supersonics en Seattle) en 2007 a ese fenómeno de la naturaleza que es Kevin Durant, hasta el progreso de Russell Westbrook como uno de los mejores jugadores de la NBA y quizá el movedor más atlético de la historia.

Recuerden, se daban el lujo de hacer venir de la banca a James Harden (que será quizá el MVP de 2014-15) y a Jeff Green (hoy parte importantísima de las aspiraciones de Memphis en playoffs), asistentes a una Final y a 3 de las últimas 4 definiciones de conferencia, era casi como decir: Dios odia al resto, pero ama al Thunder de Oklahoma City.

Al comienzo de este ciclo no era distinto. Y la incógnita era: con un equipo tan bueno, si este año no logran el título, la banda se tiene que deshacer; así de grande es la ambición de este club, si no gana todo, es un fracaso pavoroso.

Y bajo esa idea: Russ seguiría el camino de Harden para convertirse en la súper estrella de algún conjunto (y Kobe Bryant y sus Lakers salivan, Russ es la perfecta estrella para que cargue a la franquicia cuando el viejo Black Mamba cuelgue los tenis).

El mismo Scott Brooks comenzó el año en la llamada silla caliente del coach y a nadie le cabía duda de que si el Thunder no era campeón este año, el ciclo del entrenador está finiquitado.

Ahora parece como si ese mismo dios del baloncesto que amaba a su hijo el Thunder, hubiera decidido probar su entereza y castigarlos. Porque hemos sido testigos de las hazañas de Westbrook, que tras la pausa del Juego de Estrellas ha sido de hecho el MVP de la NBA y gracias a él, OKC, que ya estaba finiquitado, aún respira, cuando es cierto que cualquier organización ya hubiera jalado el cable y estaría pensando en el próximo año.

En el lenguaje de la liga todo lo que tenía que hacer Russ era cargar al Thunder a los playoffs y de ahí, por fin recibiría la ayuda de Kevin Durant y de Serge Ibaka, que estarían listos para ese potencial duelo de primera ronda entre OKC y Golden State (yo sí muero por verlo).

El Thunder, entonces, tuvo que descender a los niveles más insoportables de adversidad para darse cuenta de quién es su líder, por mucho que cueste entenderlo (y parece que el mismo Durant ya lo captó y pensaba actuar en consecuencia), el líder nato de ese conjunto es ese maniático Westbrook que juega cada minuto como si se estuviera muriendo (¡en serio!)

Con él, el Thunder recibió una hambre casi inmoral por ganar que les hizo falta en 2011 y que Durant con esa personalidad de chico bueno de universidad, jamás les pudo dar en los momentos de más reto, cuando fueron eliminados por el Heat en cinco juegos. Por ello, un escenario en que Durant e Ibaka se reunieran con este Westbrook que roza los niveles que solo han alcanzado titanes de este deporte, era un pasaje apocalíptico hasta para Golden State con todo lo completo que es.

Es un rival que odias en primera ronda, porque volvemos a lo mismo: es un espejismo, todos saben que de haber tenido salud, Oklahoma City estaría peleando la cima: todos lo saben, y con Durant en un rol de soporte (nada menos que una súper estrella pero en papel de sidekick), de la bestia Russ, era algo dantesco para los Warriors, yo casi hubiera podido firmarlo.

Pero he ahí el imponderable, el látigo de Dios volviendo humilde a su Job otra vez, utilizándolo como su rata de laboratorio. Ahora Durant no volverá este año y Serge Ibaka está en un camino similar.

Tan increíble como parezca la saña divina sobre el conjunto del Thunder, en este momento incluso la posibilidad de calificar a postemporada, —con ese octavo puesto que ahora sí casi carga la certeza de una aniquilación inevitable—, hay que imaginar, si Russell y compañía lo lograran... No encuentro palabras... Sería como Josué (lo siento, exceso de películas de Hall Mark), y sus trompetas derribando los muros de Jericó. Esta historia hay que seguirla, podría convertirse en una de las más grandes de las escrituras NBA (lo siento, otra vez).