Steph y el lenguaje que profiere destrucción

Masca su protector bucal, agradece a alguien en las alturas cada acierto que parecía un tiro de bajísimo porcentaje. Se pega en el pecho como un pequeño al que siempre le depararon adversidad. Mírenlo ahora, está en la cima de su deporte y mira hasta a algunos de los más grandes desde arriba. Se pega, pero con gracia, luego aplaude y hace partícipe de su júbilo al público, sonríe, disfruta la postración del enemigo de una forma que da envidia.

Cada gesto es desdén hacia el otro, pero ese desdén permitido dentro del deporte, que dentro de la cancha te reta, como en el juego callejero, es un cordero disfrazado de asesino de masas.

Dentro de la cancha no hay más amigos que los tipos con el mismo uniforme. Salta burlonamente, le llama "clowning", payaseo, es la sobrepasada confianza en su habilidad lo que hiela la sangre al rival cuando le ven intentar esos triples desde tres o cuatro metros, atrás de la línea de tres.

Jamás ha habido un jugador en la NBA como él, al que el resto le tenga pavor, no porque los va a incluir en el poster cuando se las clave en la cara, como Vince Carter y Blake Griffin, sino por la clase de disparos de locura que éste, en apariencia endeble, jugador, les va a anotar noche a noche.

Simplemente no hay forma de defenderlo porque sus disparos son en verdad selecciones que solo él toma, y lo dejan hacerlo porque ya demostró que los puede anotar y quizá nada más él y un puñado más en todo el mundo se tienen la confianza para intentar esos tiros.

Pero sigue, intentando esos tiros de media cancha, como volver al tiempo mítico circular en que nada importa, donde todo es nuevo y con desenfado sonríe con esa cara de niño que es el nuevo póster de la NBA; el que desplazó al tímido de Durant, el que borró de un plumazo a LeBron y sus dramas existenciales.

Curry es el disfrute primigenio del juego, diversión, sin inhibición,

Solo la sonrisa y la rutina de su hija, la pequeña Riley Curry, para amenizar algunas conferencias. En la cancha es como si un bully, con toda esa brutalidad que busca sojuzgar, tomara posesión de un chico universitario carilindo y come años, es un lenguaje en cancha que presagia amargura para el resto de la Liga, en la forma en que puede hacer treinta puntos en un cuarto de juego, y muchas veces el lenguaje no verbal del otro es de impotencia.

Curry ha entendido lo que se trasmina en las canchas, que una habilidad e inteligencia superior, puede opacar a un rival que no confía en sí mismo.

Es como si los gestos de Curry en el parquet tuvieran la facultad de desenmascarar al otro, reducirlo a su raíz más básica, el sonríe de vez en vez, si su equipo tiene 40 puntos sobre el rival, él no parará, entiende que el deporte es una proyección sana de las virtudes de una guerra y el rival no merece piedad, antes bien hay que regar sus campos con sal y no permitir que nada vuelva a crecer allí.

Y contagia a los demás, vuelve a profesionales ordinarios, sus compañeros, un devoto de esa creencia desbordada que él predica, esa es la maravilla de Steph.

Curry entiende lo que hace grandes a los grandes, esa naturaleza de malnacido en la duela. Sí, el encanto por fuera, pero en su deporte entiende que debe ser implacable. Entiende que la confianza en un tirador lo es todo, que los más destacados (a los que está en vías de opacar), saben que la efectividad desaparece, que hay veces que el aro parece un océano y hay otras en que simplemente es imposible conseguir una canasta.

El lenguaje no verbal de Curry engaña, niega al rival la realidad, que eventualmente, fallará. No hay nada de gracia en ello, pues sabe que miente, que una vez fue despreciado en la universidad por ese físico que augura muy poco ante moles como las del profesional, que en la misma NBA muchos pasaron de firmarlo porque un hombre de su forje dura poco y más en esta era, en que cada movedor nuevo parece un fenómeno atlético.

Esa es la magia de Curry y sus gestos sobre la duela, que depreda todo lo que hicieron sus antecesores (sabe que es Nash 2.0, y sonríe por la posibilidad), que es un estudioso del juego, de su psicología, y es capaz de aplastar el ahínco de cualquiera por su creencia desbordada en él mismo. Juego maestro del engaña bobos, Curry eventualmente se quebrará, como todos, pero él está dispuesto a disfrutar el excitante viaje mientras dure.