Sobreviviendo a Rondo

Ver a Rajon Rondo intentar encajar como movedor de los Mavericks de Dallas es como ver un choque de trenes desde la distancia. En serio, es espectacular y mórbidamente fascinante. Solo hay que tener en cuenta que cuando los Mavericks mandaron a Boston a su confiable delantero de poder Brandan Wright y a su tripleador Jae Crowder, su equipo era una máquina ofensiva, promediaban 103.3 puntos por partido y con Jameer Nelson de movedor, un veterano de 33 años, cumplidor, pero nada más, que les daba magras 4.1 asistencias por juego.

Como buen creyente en los sabermetrics, el coach Rick Carlisle, advirtió que era una aberración ser uno de los equipos con menos asistencias de la NBA y pretender siquiera retar en abril a los poderes de la Conferencia Oeste.

Y el dueño, Mark Cuban, en su intento por volver a su equipo a la estructura de 2010-2011 (cuando fueron campeones), trajeron de vuelta a J.J. Barea, Tyson Chandler y querían a Jason Kidd también, solo para encontrarse que éste tiene dos años retirado y ahora es coach (ahí nada más, casual...)

Qué mejor solución que traer al líder en asistencias (en ese entonces) de la NBA, al cual pagaron por su peso en oro, en verdad. Cualquiera experto en hacer pajas mentales podría equiparar: si con Jameer, que es un jugador en decadencia, Dallas eran por mucho el mejor conjunto anotador de la liga, ¡con la clase de movimiento de balón que traería Rondo todo iba a explotar!, Dallas sería contendiente y estos Mavs impondrían nueva marca de puntos en toda la historia.

Probablemente no se equivocaron en el punto de que algo iba a explotar...

Las expectativas eran demasiadas. Excepto que el baloncesto obliga a la cautela y a la humildad. Claramente Dallas no entendía lo frustrante que es confiar los minutos finales de un partido en manos de un movedor que no anota de media, ni de larga distancia con consistencia y que si va a la línea de libres; el tiro que DEBE (con mayúsculas, para enfatizarlo), anotar un jugador de su posición en Rajon es una auténtica aventura en la que es más probable que salga perdiendo miserablemente.

Ya son 24 juegos del experimento Rondo y a estas alturas, el mismo base ya no tiene la sangre fría para atacar, es como si su confianza se hubiera ido. Es colapso. Y más viendo lo mal que ya parece el lenguaje no verbal entre Rondo y Monta Ellis (otro tipo con una estampa digna de otra columna, eh), que en el papel deberían ser un backcourt capaz de rivalizar con Curry y Thompson (¡já!).

Baste ver la repetición del partido del jueves, donde Oklahoma City despedazó a un errático conjunto de Mavs. Es algo dantesco para Rondo. Su primer lapso de tiempo en duela fueron seis minutos, anotó dos puntos, antes de que Carlisle insertara a Devin Harris. ¡Seis minutos!

Hasta el "diminuto" (en NBA), Barea entiende mejor el movimiento de este equipo y en verdad, Mavs es mejor con él en duela, no hay duda.

Y es que, si Rondo está solo en el perímetro, ya Dirk Nowitzki, Ellis y Chandler Parsons se la piensan dos veces para pasarle el balón, lo evitan como una plaga. Y me tocó ver una secuencia en que Rondo tiró, su disparo se fue a estrellar en el aro y Monta hizo un aspavientos mientras ocultaba el rostro en dirección a la banca.

Los Mavs se reconfortan así mismos diciéndose que trajeron a un especialista defensivo, que sin él eran 20 en la liga en puntos permitidos por 100 posesiones y con él son el séptimo mejor conjunto defensivo. Pero de nada parece servir si su inadecuación al sistema les cuesta el flujo de balón, que es la panacea del baloncesto y su producción ofensiva bajó a 105.9 tantos por encuentro.

En serio, es sensacional ver cómo Rondo ya es una suerte de indigente en el equipo que le ofreció la oportunidad y al que llegó como la gran contratación, la que hacía falta para pensar en campeonatos. Pero por supuesto, el siempre educado Dirk no le dirá nada, su coach Carlisle se conformará con reducir sus minutos y defenderlo ante la prensa y pronto ya no tenerlo en el cuarto periodo a este paso, y el resto resistirá como profesional que es, hasta que el lazo se fracture sin remedio.

Porque de todos los momentos del juego del jueves, el más emblemático de la situación de Rondo vino en el cuarto periodo. Es claro que los Mavs pre-Rondo, son una máquina anotadora, 10 puntos los hacen en un suspiro, así que cuando se acercaron a 10 en el cuarto periodo ante OKC, tenían oportunidad. Luego el coach sacó a Barea y Rondo falló un tiro a bocajarro con una flotadora atolondrada que de verla desanima (si usted ha jugado sabe cuando eso ocurre), el colapso fue inevitable.

Rondo terminó con 2 de 9 desde el campo, 1 de 2 de libres y seis asistencias. El problema de estos Mavs es el respeto a Rondo, pues un jugador con su producción se gana la banca. Pero ellos lucharon por traerlo a su equipo y ahora, como el jueves, aunque estaban a 10 y él no hace puntos, le "deben" el respeto al jugador de tenerlo en los momentos finales de cada juego en duela, para evitar que se enoje y el experimento con él fracase y les explote en la cara. Y los haga ver como tontos.

El punto es que eso quizá eso ya ocurrió, pues es muy difícil tener a un movedor en pista al que el mismo rival le hará falta para mandarlo a la línea, donde este año anota, ¡28%¡, hasta Ben Wallace, uno de los peores tiradores de libres de la historia llegó a tirar para .300 en su peor momento.

Los Mavericks están buscando autodecapitarse, en este sentido.

Dallas no ha podido adaptar a Rondo a su sistema, uno que parecía ideal para el controversial y poco convencional jugador que llegó a la organización con la reputación de ser un mago en la duela. Quizá ahora no puedan ni sobrevivir a Rondo.