La NBA ya tiene a sus campeones contra el Dragón

Es quizá el mito más antiguo de la humanidad: una bestia debe ser tasajeada para fundar una nueva creación. En la NBA, esa bestia es Golden State, un dragón que debe ser sacrificado y controlado para que todo vuelva a la normalidad. Y es lícito pensar que para ambas Conferencias, los Spurs de San Antonio y los Cavaliers de Cleveland, son los dos caballeros capaces de hundir a la bestia en el infierno, y al momento son los únicos.

 

¿Demasiado dramático? Quizás, pero pensar la dinámica actual de la Liga así ayudará a entender lo aterrados (y fascinados al mismo tiempo) que están en la NBA por las amenazas que representan los Warriors. No es solo un equipo más que encuentra un repentino auge, ese proceso en el que el antes esclavo se alza en sus momentos de poderío mientras los titanes Boston y Lakers (los verdaderos padres fundadores de NBA), duermen una larga siesta.

 

Lo de Golden State parece en ocasiones demoniaco. Es como si ese dragón fuera tan consciente de sí mismo y de lo que representa (si pensó en Smaug de El Hobbit, creo que eso es), que ha decidido desempeñar su papel por el tiempo que pueda y está motivado a aterrorizar a la aldea el tiempo que le dejen, sin tomar prisioneros.

 

¿Cuándo se había visto que un equipo hecho para jugar al baloncesto clásico como los Grizzlies de Memphis fuera reducido a la nada? Lo aplastaron por 50 puntos. Ellos tienen a dos torres en Marc y en Z-Bo, han seguido el manual, practican al baloncesto precioso… y ahora puede verse el pánico en sus rostros. Es de locos. Eras desaparecen calcinadas al paso de estos Warriors.

 

Los Warriors no solo son una revolución viviente, son una que cambia paradigmas con violencia y convierte todo en un pragmatismo que antes no se había visto en la liga. Porque Golden State no es el tirano odiado como los Bad Boys de Detroit, rechazados que tienen su momento, unos parias que se alzaron momentáneamente para saquear la despensa de sus amos; ni esos Bulls sostenidos por el malnacido y competidor sin parangón que fue Air; ni esos cordiales reyes a la antigua que han sido Boston y Lakers a lo largo de su historia, el tirano prototípico: cediéndose el trono, tan humanos como para odiarse entre sí mismos y tan falibles como para fracasar al siguiente año, a pesar de que fueron dinastías.

 

Del otro lado, los Dubs no son como los equipos formados con estrellas con manual en mano (Miami) que plagaron el inicio de esta década, o ese grato hallazgo que es San Antonio, con un dominio marcial, pero absolutamente imperfecto, un conjunto que a pesar de todo no ha podido nunca ser bicampeón, así de simple.

 

Lo de Golden es de un aura mecánica, robótica, demasiado fuera de este mundo de disputas intestinas que ha sido la NBA todos estos años. Para ponerlo así, ninguno de los Warriors se sostiene por el odio que tanto dicen los de la vieja escuela (como Magic) hace falta en la liga en la actualidad.

 

Draymond Green, esa fuerza de la naturaleza que parece una mutación de probeta para jugar a lo que quiere jugar Golden State, es capaz de hacer una jugada muy física en el juego y luego levantar a su oponente para demostrarle que todo queda en la duela. ¡Y es verdad!

 

Stephen Curry es un chico que aún parece universitario, que tiene el gen de los grandes competidores, si uno no lo viera con el balón, pensaría que es oficinista o algo así.

 

Son una banda extravagante. Son demasiado buenos. Esa es la palabra, estremece que por momentos lleguen a cotas tan perfectas. Exhiben fisuras, claro, pero se las han arreglado para llegar a finales de diciembre con solo una derrota, tienen ya el mejor inicio de la historia y no quieren parar, quieren establecer un poder en verdad opresivo sobre el resto. Eso es lo que no quiere el resto de los equipos: un dragón motivado, saben que si no lo detienen, el fuego se esparcirá.

 

Piense en esto el lector: ¿Si Golden State no encuentra rival, qué razón tienen los demás de tan solo existir? ¿Demasiado filosófico? Ya está usted en el predicamento que enfrenta a la NBA. Es decir: si Golden State prosigue reescribiendo todo, ¿a qué jugarán el resto, cómo pueden siquiera considerar estar en la misma Liga? Por eso la mayoría corre a imitarlos, buena suerte.

 

Es como la Ilustración en un grano de arena: algo que la mayoría no está capacitado para siquiera entender, algo que no forma parte del horizonte inmediato, eso es Golden State, y así, esos Prometeos que anticipan demasiado al futuro, deben pagar esa osadía.

 

Pongámoslo más fácil.

 

Todo en ese equipo está hecho para adaptarse y da pavor, es como el uso prohibido de la ciencia. Y si recuerda el final de Jurassic World, ¡SPOILERS! ese monstruo híbrido de un T-Rex y un velocirraptor, tiene que ser destruido por los demás, incluyendo el T-Rex original.

 

Los Warriors son una representación de ese engendro in-vitro que se aleja de las explicaciones que siempre conocimos, y cualquiera de los equipos NBA prefiere que sea un terror conocido el que domine, como Spurs o Cleveland; cualquier cosa que no sea esa máquina de eficiencia a veces inhumana que ha demostrado ser Golden State.

 

De ese modo, los campeones que se han elegido al momento para enfrentar esa amenaza, son sin duda Cleveland y San Antonio, así que marque en el calendario las fechas en que estos dos equipos colisionarán contra los irreales Warriors, porque son instantes en que todo lo que representa el resto de la Liga estará luchando por su vida, ¿así o más drama?