Carta a Gustavo Ayón


Gustavo, yo no soy de los que te vio desde Halcones de Xalapa, confieso que fue en 2008 cuando caché en el ojo un poco de tu nivel al jugar baloncesto. En mi defensa he de decir que sí he estado siguiendo cada uno de tus pasos desde entonces. Puedo decirte que al principio vi con escepticismo tu llegada a la NBA, porque lo hacías como esa rara de clase de jugador que los expertos denominan underzized power forward; es decir, un delantero que no tiene el calado para competir con las bestias (en el buen sentido) de la Liga.

Honestamente no te quería ver padecer toda tu carrera como DeJuan Blair, quien tiene el mismo inconveniente y Glen Davis, quien es muy bueno, pero su extensión de brazos no le ayuda a clavar la pelota cuando debe y jamás podrá ser dominante.

Nos cerraste la boca a muchos con tu primer medio año (debido a la campaña de 66 juegos acortada por la huelga), visos de un jugador que cuando encontrara su ritmo sería capaz de dominar un juego desde la defensiva, siendo lo que también ese club de expertos con monóculo denominan un filling stat sheet player, algo así como un tipo que aporta en distintos departamentos y termina con la mayoría de las estadísticas marcadas en la hoja de anotación.

Cuando arribaste a México ya enfundado en el jersey de Orlando, pude ver de cerca el tipo de jugador que eras. Sin embargo, en 2012 ya estabas en tu segundo equipo, y eso me partía el corazón, pues te veías deseoso de echar raíces aún en un equipo desahuciado para el próximo lustro.

Ahora te diré algo. Creo que en el imaginario del coach estadunidense se quedó en firme la imagen de Lalo Nájera, de que el jugador mexicano es al que lanzarán a hacer las tareas "sucias" por así decirlo, de que somos unos glueplayers (jugadores pegamento) que ayudan a la unión del equipo cuando se necesita y que se sacrifican.

Eduardo hizo una carrera de 11 años en ese máximo nivel practicando defensa, un arte que muchos jugadores no tienen siquiera en cuenta, porque también es desgastante y acorta las carreras, esa es la realidad.

Yo siempre pensé que tú eras el primer jugador mexicano que les demostraría que también eres un ofensivo consumado. Pero te he visto naufragar en tu intento por labrarte un lugar en la querida NBA; en parte han sido las lesiones, pero también el hecho de no saber en dónde está el cambio de las tendencias en la Asociación.

Un instrumental para el baloncesto como el tuyo siempre he creído que es vital para un equipo pretendiente al campeonato, más reciente como una suerte de Chris Andersen para los dos veces campeones Heat de Miami, uno de esos jugadores que trae carretadas de carácter y decisión en los pocos minutos que está en la duela. Y te diré que son pocos los minutos porque ofensivamente te has estancado. El gran defensivo en la NBA parece el último dodo, la ofensiva dicta la tendencia.

Vienes de enfrentar a Lituania y Eslovenia y comprobaste lo letal que es eso y lo mucho que alargas tu carrera si en lugar de ir con ese hombro derecho vendado por dos puntos ganados con pura garra, simplemente saltas y disparas, ¡swoosh! suave como la seda, podría ser hasta estético.

Has visto cómo se pelearon a Kevin Love, y eso es porque además de ser un gran reboteador, es un excelso tirador de triples. El no desarrollar un tiro te sacó de la rotación de los Hawks (claro, cuando estuviste sano), porque tu competencia directa, Antic, (mi propuesta para un villano en película de James Bond), es un centro que mete triples en una ofensiva felizmente perimetral que pretende establecer por tantos años el ex asistente de los Spurs, Mike Budenholzer.

Cada vez más equipos jugarán así, es la tendencia de la época, la misma liga movió reglas desde hace años para favorecer el flujo ofensivo y para garantizar que una defensiva no sea tan dominante como en los 90, porque eso es bueno para el purista del baloncesto, pero muy malo para el rating televisivo.

Y luego tu terrible agravamiento de lesión, un día después de anotar 18 puntos y 10 rebotes, (en una paliza a tu equipo, y algunos de esos tantos en tiempo de basura, hay que decirlo). Lleva a esa idea, de que venías de jugártela por México en Caracas (opción cada vez más impopular entre los equipos de la NBA), y te lesionaste en un juego de pretemporada, ¡mientras marcabas de toda la cancha a un guardia! Eso déjalo para las capacidades histriónicas de Kevin Garnett, que lo hace para efecto dramático y jamás lo intenta de verdad.

Todo eso ha creado un historial, y muchos coaches asistentes y reclutadores pasan de largo porque saben que a veces tratas de hacer demasiado y no te concentras en lo que debes dominar. Fui de los que se alegró enormemente cuando te adaptaste como un fenómeno de la selección natural darwiniana y comenzaste a jugar ese estilo de juego tan alabado por nosotros los traumados con el básquet: un point center, (o point power forward, si lo prefieres), o lo que es lo mismo, un centro que pone asistencias, algo rarísimo que ensalza la cualidad por la que todos en México vemos con orgullo a la pantalla cuando juegas: haces mejores a tus compañeros, tomas un balazo por tus equipos.

Un point center siempre evidencia un IQ para el juego en verdad notable. Pero aquí en la redacción son testigos de los gestos en mi cara (nada lindo de presenciar, créeme) cuando fallabas los contados tiros de media que tomabas. Sentía que era como si estuvieras a punto de enamorar a los aficionados de las casi siempre incompletas graderías de la Philips Arena, (porque un jugador con esas ganas y ese espíritu, dispuesto a provechar su último segundo en duela y que juega como si su vida dependiese de ello, es un raro regalo para aficionados condenados por años a migajas y a miseria), y cuando estaban a punto de comenzar su idilio por tu entrega, ¡chin!, fallabas un tiro de media o pasabas de intentar uno y regresabas a la banca.

Te juro que ya pensaba en un mote para ti, porque el público allá te llama GusGus, como el músico electrónico mediocre ése; o tus cuates del equipo Goose, y no me parecía, ¿como si fueras un ganso? (WTF!) Debe haber algo mejor que eso para nuestro baluarte. Y seamos sinceros, la palabra Titán es demasiado impactante en el idioma inglés y nadie te diría The Titan, no lo creo.

Pero luego vino el recrudecimiento de la lesión. Y la que se convertiría en tu segunda oportunidad en playoffs (luego de ese menosprecio a tu talento en Milwaukee en 2013), se convirtió en un año decepcionante. Es por eso que tu estilo no sirve a equipos de media tabla o luchando por la lotería, porque ¿para qué rayos querrán un especialista defensivo si ellos aspiran a ganar menos de 30 partidos al año? A buscar en el cesto de basura las sobras. Tu estilo de juego es lo que necesita un contendiente para estar más completo.

También sé que el deseo de impulsar el básquet nacional puede mucho en tu pecho. Es otra de las cosas que vi con mucha desconfianza. Con ese aire de "ni Gustavo puede ayudar a cambiar lo malo que somos". Otra de las veces en que cerraste mi boca, para variar, con puro trabajo duro.

En el Centrobasket de este año, por la medalla de oro, te vi ser la bujía contra Puerto Rico para traer de vuelta al equipo en la segunda mitad, recordando lo que hiciste en Caracas en 2013, cuando te ganaste tu contrato con Atlanta a pulso, gracias a esa soberbia actuación de MVP.

Yo que he jugado tu posición (aunque a nivel infelizaje), sé lo difícil que es hacer esa suerte de dream shake como el que le aplicaste a Anthony Davis contra EU, un tipo que muchos comparan por físico y cualidades potenciales con Bill Russell. Vi que el coach Mike Krzyzewski no te quiso pavimentar el camino con pétalos de rosa, y te lanzó la carnaza, te respetó y te aventó la artillería pesada.

A DeMarcus Cousins, una mole de rijosidad para poner entre tú y aro. Vi cómo él no te podía parar y te cometió tres faltas. Lo vi a punto de perder la cabeza. Vi la clavada a dos manos en transición. ¡La clavaste en el aro de la selección de Estados Unidos! Eso fue como una bofetada en la cara del resto de los 12 Guerreros, tan obnubilados por el escenario, tan resignados a una tunda de proporciones épicas.

Fuiste el único que trajo consigo ese mensaje: "quizá no hoy, quizá ni siquiera durante mi tiempo de vida en esta tierra, pero algún día, sentirán el alcance de nuestra furia". Créeme que atesoro cada uno de esos momentos que nos diste.

Luego te vi fallar la mayoría de los de media distancia. Y vi que te fuiste 3-8 desde la línea. Y volví a descender. Mi frente gacha, mis puños cerrados. ¡No esto otra vez!

Verás, hay una frase en el idioma inglés, dice; you can't teach an old dog new tricks, o sea, no puedes enseñar a un perro viejo nuevos trucos.

Te acercas a la treintena Gus, es el prime time de un jugador de baloncesto profesional, en el que está en completo equilibrio el estado físico y mental y aún no eres seguro en la línea, pasas de hundir el tiro de media y los demás lo saben, te flotan a la defensa, no te respetan. Te hace unidimensional, tu inteligencia para jugar no puede desarrollarse más si no consigues un buen tiro.

Durante las transmisiones de los partidos de Fox Sports, el legendario coach Arturo Mano Santa Guerrero se ofreció a ayudarte a mejorar esa mecánica de tiro de línea, el venerable maestro (¡salve!) dijo que incluso lo hace gratis (confía en mí, por algo le dicen Mano Santa).

Son tantas cosas Gustavo, pero antes de que esta carta se haga muy larga (demasiado tarde...) espero que logres encontrar equipo (un match made in heaven sería San Antonio, ¿el próximo Fabricio Oberto del coach Pop?, salivo, Gus, salivo). Yo y millones seguiremos con fascinación el resto de tu carrera, sin olvidar que tu trabajo y el de tus cómplices hicieron a muchos creer en que es posible, a mí de plano me devolviste la fe.