Concierto, luego un pobre desenlace

Gracias selección mexicana de baloncesto, por recuperar esa alegría de vivir. Por importarles un bledo que era la poderosa Australia. No dudo que algún pequeñín madrugador un tanto ebrio de imaginar hasta la saciedad al Chicharito en el Bernabéu, prendió la tele justo en el segundo cuarto, cuando ustedes tenían a virtualmente cuatro guardias en pista jugando un fantástico smallball, recuperando ese ritmo vertiginoso, haciendo que esos aussies se desesperaran en los tiempos fuera.

Sé que algunos de esos niños se inspirarán en la delicada armonía de trayectorias, como planetas en un sistema solar, en sus pases y cortes, haciéndonos recordar que México volvió a los aparadores principales del baloncesto no solo por Gus y un puñado de alevosos sujetos, sino porque otra vez somos contemporáneos del resto y entendemos el baloncesto de movimiento, la creación de espacio. Después de hoy habrá más niños decidiendo seguir los pasos de los 12 Guerreros, puedo sentirlo.

Esos niños verán que ustedes por fin volvieron a reír mientras jugaban, aun a pesar de que todo se complicó en la tercera mitad, recuperaron ese sentido infantil que carga el juego del basquetbol. Yo estaba extático en esa primera mitad. Ojos como platos, notando que Gustavo Ayón estaba en la banca como un fantástico cheerleader y observaba a Adam Parada hacer esos fade away que siembran el terror en cualquier coach cuando un hombre alto del rival los consigue.

Que vieron a Jorge Gutiérrez, nuestro primer movedor en NBA, entrar entre dos hombres altos de Australia como un chef tasajeando con maestría un pedazo inerte de carne. Visos de una genialidad cuyo siguiente reto es hacer consistente. Lástima que en el tercer cuarto todo naufragara, otra vez.

En el anticlímax

No hay nada que sea más indicativo de que se está ante duras lecciones que hay que asimilar que ese dislate en el tercer cuarto. El no saber manejar una ventaja es la maldición de algunos equipos, el no saber cerrar los compromisos es el de otros, ambas indican el saber más grande tras el baloncesto: que así como es un juego físico y emocional, es tremendamente cerebral y quien aspire a llegar alto tiene que dominar todas sus facetas y entresijos.

El mal de esta selección parece ser el no reaccionar a tiempo; el dejarse enterrar para hacer su mejor impresión de uno de los zombies de George A. Romero. Tienen mal su reloj biológico, el de la vida y la muerte. Su mal es el intentar el regreso hasta que ya es demasiado tarde.

En varios de los encuentros del Centrobasket se vio esa propensión del seleccionado a dejarse caer para luego tener auténticas resurrecciones. Y venir a repetir esas malas costumbres a este escenario mundial no debe ser tan malo si es que el equipo nacional logra darse cuenta y actúa en consecuencia. Nuevamente, es indicativo de que se está aprendiendo, lo bello del baloncesto es que todos son propensos a lo mismo.

Y en el juego ante Australia fue bastante claro. Nuevamente ese doble maleficio de tener que jugar esa defensiva de zona, no poder marcar hasta el perímetro a tipos como Bairstow o Broekhoff (¡cuatro triples en el tercer periodo!), simplemente imperdonable. Y no tener a un jugador que sea especialista en defender el perímetro (si los Estados Unidos son favoritos para ganar el Mundial, incluso sobre España, es porque tienen hombres para hacer esa tarea).

Luego esa sequía en el cuarto periodo tras de iniciar cuatro a cero el parcial para acercarse a 10. Ocho tiros fallados en un lapso de más de cinco minutos sin anotar (eso es como intentar una auto decapitación y al final lograrla), cuando el equipo recuperó el tino y la compostura de equipo ya era, en verdad, demasiado tarde.

Fatídico el que México apostó a la individualidad, olvidó el concierto de juego en equipo que tenía loco a su rival en el segundo cuarto y los Boomers habían sellado la llave y ya habían olido la sangre. Mal haríamos en no aprender de estas dolorosas lecciones.

Joker de San Antonio

¿Soy solo yo o usted también lo vio? Por momentos parecía como si Gustavo y Aron Baynes estuvieran peleando por la plaza libre en los Spurs de San Antonio. Baynes ya está en los actuales campeones de la NBA, pero se rumora que la organización está indecisa sobre a quién ofrecerle contrato para la siguiente temporada. Como si Gregg Popovich, haciendo su mejor impresión del Joker personificado por Heath Ledger, y todo aquello de la selección natural, hubiera roto un palo de billar y los hubiera hecho pelear a muerte por el puesto. Yo voy Gustavo todos los días de la semana.