Kobe jamás estará satisfecho

Kobe nunca fue de mis favoritos, siempre me ha parecido como Syndrome, en Los Increíbles de Pixar, que incapaz de encontrar una personalidad se roba la de Mr. Incredible, en este caso Michael Jordan; y lo que me parecía épico de Air, en Kobe definitivamente se veía como algo forzado (como un maratón de Friends 10 años después) que solo quien tiene miedo de la historia no capta (youtube los liberó del pretexto de: "no fue en mi época").

Además, se sabe hoy día que Kobe prefiere ver arder a los equipos (incluyendo al suyo) si esto le ayuda a seguir incrementando sus puntos y promedios.

Por ello más que el partido de ayer ante Minnesota, en que Kobe Bryant superó a Michael Jeffrey Jordan como el tercer mejor anotador de la historia de la NBA, me llama la atención el del viernes, ante los Spurs. Creo que ahí sí se notó porqué Bryant pasará a la historia y porqué razones es un jugador casi tóxico para los equipos.

Cuando en el cuarto periodo le faltaban ocho puntos para empatar a Su Majestad (¡salve!) y regresó al partido con poco más de seis minutos, Bryant hizo lo que siempre ha disfrutado hacer: contrariar al público. Todo mundo parecía decir: "bien, haz lo tuyo, ya has destruido a bastantes versiones de los Lakers para lograr lo que estás a punto de lograr, solo hazlo, consúmalo, destruye la victoria para lograr ese triunfo personal".

Pues Bryant entró y se dedicó a pasar. Es decir (como dirían allá): WTF? Si es visible cómo Bryant ha puesto en la picota a su conjunto este año, donde ha sido el mejor anotador, (analícese qué clase de jugador es uno que es el mejor en puntos en uno de los peores de la NBA; donde la mayoría de esos pobres chavos parece temer perder su oportunidad en la Liga sino le pasa el balón al señorito Bryant), todo para conseguir sus puntos; quien ha criticado a su conjunto por no "trabajar lo suficiente" y que francamente está destruyendo a la franquicia pues en verdad que su ego es algo inusitado y corrosivo.

Y ahí estaba al hombre que toda su carrera se ha dedicado a contrariar (a veces sin sentido) a punto de lograr su máxima hazaña: ganarle en algo significativo a Jordan, porque cada vez es más lejano que empate los seis anillos de campeón de MJ. Y a ocho puntos, Kobe Bean decide que mejor será un distribuidor de juego para "asegurar la victoria". Bueno, un poco tarde Kobe, para demostrar que lo que te importa es el equipo, ¿no?

Lo sabemos desde que Bryant protestó ante su gerencia el que no le trajeran integrantes para contender por títulos en 2006, cuando anotó 81 puntos en una de las aberraciones más grandes de la era moderna: un jugador cuya competitividad es monstruosa e impar, pero que solo parece voltear a su nombre en la hoja estadística, y los otros, sus compañeros, solo son maniquíes que sirven para hacerle llegar el balón y hacerse a un lado (incluyendo Grandes como Shaq O'Neal y Pau Gasol, eh).

En serio que se respira la tensión de sus compañeros cuando están en cancha con él. Bryant es un portentoso jugador de básquet, pero jamás se ganará la adoración de sus compañeros.

En contraparte, en el mismo partido del viernes, Tim Duncan pasó a Jerry West (Mr. Laker, de hecho) como el anotador número 22 de la historia y el Big Fundamental, que una vez recogió uno de sus dos trofeos de Jugador Más Valioso en bermudas y chanclas, no hizo ningún ademán de vedette estimulada por droga de diseño.

Y eso es porque a Tim los logros personales nunca le han importado y su estampa casi robótica y apariencia acartonada (mi padre le decía "el mensito"), jamás le ganó la devoción de millones, pero pocos pueden presumir el legado que dejará tras de él, y además ya tiene el mismo número de anillos que Black Mamba y probablemente este año pelee el sexto, que lo empataría con MJ.

Y en un solo partido, la a veces surrealista NBA nos mostró los dos lados de la grandeza. No sé usted amigo lector, pero yo siempre he preferido la de Tim.