Jordan ya tiene un equipo digno de él

Sí, el gran autor de tantas gestas del baloncesto, el GOAT (el más grande de todos los tiempos, por sus siglas en inglés), Michael Jordan, que cambió el baloncesto de la NBA para siempre, también le dio al mundo a Adam Morrison como primera selección de 2006 (cuando pudo seleccionar a LaMarcus Aldridge) y su paso como dueño, primero minoritario y luego mayoritario de la franquicia afincada en Charlotte ha sido, por decir lo menos, tumultuoso y una muestra de que la grandeza del mejor escolta de la historia no se traslada a todos los campos y que no todo lo que toca MJ lo convierte en oro.

Pero Air ya tiene este año a un equipo digno de malnacidez épica y de su combatividad que solo quería hundirle al otro adversario la cabeza en el fango (por eso tantos se confundieron dando a Kobe Bryant como el sucesor de su Majestad).

Sus Hornets son algo en verdad para tomar nota, quizá no contendientes por el Este, pero un acto espectacular que obligará a los fans a voltear otra vez a North Carolina con un básquet barriobajero de garra, smash mouth, blue collar, o si se quiere de la clase trabajadora, algo que hacía falta en la NBA, un estilo afín a los mejores equipos históricos de la conferencia.

Esta campaña, con la franquicia de Nueva Orleans renombrándose Pelicans en honor al animal tutelar de ese estado, se decidieron a desterrar el nombre de Bobcats con el que lograron la infame marca de 7-59 (2011-2012) y en ese regreso a las raíces, ondeando las imágenes de sus héroes de antaño: Larry Grandmama Johnson, Zo Mourning y el diminuto Muggsy Bogues (todos cuates de MJ), como piedra de toque, los ahora Hornets de Charlotte han recuperado el brío de un equipo digno de verse, uno auténtico que se entrega en la duela.

Uno que va por su segunda aparición consecutiva en playoffs y la que será la primera como Hornets de Charlotte desde 2002 (cuando cambiaron su mote a Bobcats y la franquicia original se fue a Nueva Orleans).

La llegada de Lance Stephenson les da un creador de jugadas y a un defensivo perimetral para favorecer la velocidad de Kemba Walker y callados ya reúnen un pequeño trío de estrellas, con Al Jefferson, uno de los mejores delanteros de espalda al aro y la inteligente contratación de Marvin Williams como tirador de descarga tras el pase de rotación, además de un reformado Michael Kidd-Gildchrist en año decisivo para su carrera.

Su juego inaugural fue algo memorable, y cristalizó lo que ha sido el equipo de Michael en un grano de arena.

Comenzó con miles de los asistentes vistiendo sus playeras que asemejan a un smoking con los colores de los Hornets, un cómico detalle que recuerda que los Hornets fueron por años uno de los equipos más carismáticos de la Liga cuando Mourning aún caminaba por sus duelas; y uno de los más auténticos, un hit con aficionados jóvenes.

Luego toda la efervescencia por un luminoso futuro se trocó por esos gestos de la concurrencia de "same old shit" cuando los recién estrenados Hornets cayeron en un agujero de 24 puntos.

Y ante los Bucks de Milwaukee, y después de haberle dado un contrato por 4 años y 48 millones de dólares a Walker. Y a cambio de toda esa esperanza en el futuro, una paliza que parecía gritar "ahí vamos de nuevo".

Pero es donde entra ese espíritu jordanesco, con los Hornets incapaces de claudicar cuando cualquiera hubiera asumido su fracaso y comenzado a preparar el siguiente juego. El partido finalizaría con la remontada más grande en la historia de la franquicia.

No extraña que Jordan le haya soltado la rienda a Lance Stephenson, el tipo es dinamita pura y sus acciones teatrales y brutal estilo (baste ver su clavada en la cara contra Larry Sanders, el segundo mejor en bloqueos de 2012-2013), infunden bríos en una franquicia ya acostumbrada a la ruina no parcial, sino total.

Walker, por su parte, está decidido a llegar al All-Star y baste ver las dos canastas que anotó ante unos aficionados que reaccionaron (¡y en el primer juego!) como si fuera un encuentro de playoffs: una para mandar el partido a tiempo extra, un triple, y otro, un doble, para ganar el encuentro. Los dos encestes de alto grado de dificultad que solo un jugador con toneladas de confianza puede conseguir.

La campaña solo ha comenzado y es muy prematuro hablar de que los Hornets por fin dejarán su pasado de basura atrás, pero cuando vemos a Michael Jordan en la banca levantarse y aplaudir la tenacidad de sus chicos al final del partido vemos exactamente esos visos de la excelencia de jugador de MJ, como si por fin les hubiera podido transmitir a los jóvenes su combatividad y espíritu de lucha. Sí, una simple promesa en este momento, pero una que es demasiado emocionante como para ignorarla.