Y la confianza regresa

Es como si Ayón hubiera sostenido el equipo hasta que la ofensiva mexicana se decidiera a, por fin, despertar. Tres azotes de triple de Virito Hernández en el tercer cuarto y México había recobrado la importancia de darle la vuelta al balón, ese hermoso ballet de cortes y movimiento que nos enseñaron el año pasado en Venezuela; que los demás equipos de este Mundial respetan ese juego perimetral que puede arrodillar.

En su primer instante como movedor cerrador del juego, Paul Stoll dio un bote al interior y descargó a Román Martínez en la esquina para quirúrgico triple que llevó la diferencia a 15. Los triples de Martínez habían sido una muleta que ayudó a Gustavo Ayón en la primera mitad, en que México tuvo ocho pérdidas de balón y se veían camino una vez más a la dependencia de Gustavo.  

Los triples de Virito no solo crearon un colchón para intentar otras cosas, transformaron al equipo mexicano en otro, que por fin lució como la ofensiva alegre que ganó ante el azoro del resto de América el torneo PreMundial de Caracas.

Pero la hazaña es cómo esa confianza en la ofensiva redujo a un guiñapo al campeón de África, que también peleaba por su vida. Es quizá el siguiente paso en el aprendizaje de México como selección. Como diría el querido coach Arturo Mano Santa Guerrero (que estuvo en la transmisión televisiva de Fox Sports) “La ofensiva es de Dios, pero la defensa es del hombre”.

Y ante la evidencia, es como si el equipo mexicano por fin respirara cuando se activó su juego perimetral (¡12 de 26 en triples!), como alguien que corta por fin las ataduras; volvieron a disfrutar del juego, dejaron de pensar en su situación de “desamparados”, indigentes del deporte (como si tal tontería existiera).

En dibujar en el aire lo que pudo ser contra Lituania si Lorenzo Mata hubiera estado con ellos; en los pretextos que iban a poner cuando algún reportero “inteligente” señalara que pasó “lo de siempre”. Por unos momentos los seis triples de Héctor fueron como un bálsamo, de que este equipo aprendió por fin: que no sabes lo bueno que eres sino hasta que enfrentas la adversidad, hasta que eres capaz de mirarla directo a la cara y sonreír.

Es el fenómeno de la confianza: obra maravillas cuando la presión desaparece y el proyecto de Sergio Valdeolmillos vuelve a la idea tras el baloncesto: es un juego, así de sencillo, así de tajante. Cuando Stoll luego clavó un triple con el reloj en ceros desde más lejos que incluso la distancia NBA, era uno de esos momentos en que el aro era del tamaño de un océano y el lenguaje del basquetbol aparecía claro nuevamente en el DNA mexicano: ¡somos buenos para jugarlo!, ¿porqué no demostrárselo a los demás? ¿Porqué no hacerles temer la próxima vez que Héctor tome el balón desde atrás de la línea de tres?

Luego fue surreal, ver cómo la defensa de nuestra selección comenzó a destrozar a Angola como un virus adueñándose de cada célula, rumbo a una victoria de 79-55, que permite que México siga vivo en el Mundial y con aspiraciones de pasar de la fase de grupos.

Con la ventaja en 20 puntos luego de una bandeja de Paco Cruz, era momento de sonreír de oreja a oreja, otra vez. El pilar Ayón por fin se dio el lujo de descansar, los 12 Guerreros habían recuperado un poco de su insano disfrute por el juego que hoy nos hace verlos como los sujetos desafiantes que lograron que el básquet mexicano importe a la gran mayoría otra vez.

Y ahora mismo estoy rezando porque dentro de unos años un cronista futuro ponga éste como el instante de la epifanía, el del despertar. En el que por fin el equipo mexicano comenzó a creerse el alcance de su furia y las creativas formas en que puede expresarla sobre un rival.

Ayón en todas partes

Si los Spurs de San Antonio no lo toman, en verdad perderían la oportunidad de un activo para su defensiva y a un buen precio. Esa cualidad que el nayarita evidenció ante Angola de cómo puede dominar un partido desde la defensa, desde bloqueos en la pintura hasta ser el mejor defensivo perimetral y estar listo para las canastas de rompimiento rápido pone a Gustavo como el mejor jugador mexicano de su generación.

El Titán tuvo que ver en todas las jugadas con las que México obtuvo siete de delantera con menos de tres minutos por jugar en el segundo cuarto.