¿Importa la psicología en la NBA?

No he visto un deporte donde importe más el factor psicológico que el basquetbol. Es escalofriante cómo en el básquet el tener las capacidades para jugar y el talento, solo te otorga el 60 o 50% por ciento de lo que se necesita, lo otro es pura mentalidad, confianza y consistencia.

Y la NBA hierve de casos que hubieran hecho feliz a Sigmund Freud. Uno de ellos, que es fascinante, es el de Josh Smith y su inadaptación con los Clippers al principio de la campaña, el cómo él mismo se relegó a la profundidad de la banca y el coach Doc Rivers, famoso por su trato con los jugadores, jamás pudo hacerlo producir. Su olvidable paso por los Clippers le vio producir 5.7 puntos, 3.9 rebotes y 1.3 asistencias en 14.3 minutos por partido, sus peores promedios de carrera, un jugador en decadencia que hace pensar que solo se mantiene en la NBA por puro milagro.

Con los angelinos firmó por 1.5 millones, el mínimo que se paga a los jugadores veteranos en la NBA y es un caso de manipulación muy interesante. Baste decir que a Smith le siguen pagando los Pistons de Detroit esta campaña la friolera de 4 millones, 904 mil 276 dólares y éstos estuvieron dispuestos a hacerlo solo para deshacerse de él, que fracasó con un entrenador como Stan Van Gundy, cuya especialidad es encontrar valor en cartuchos quemados.

Conectado y motivado, Smith tiene las habilidades múltiples para ganar el rebote, penetrar al aro y cuando está enrachado disparar de tres puntos. Es una incógnita el mercurial Josh, y los equipos están dispuestos a correr el riesgo de ver qué les entrega.

Parece como si Smith fuera tóxico para los vestidores. Es el mismo Smith que destruyó a los Clippers en los playoffs pasados cuando jugaba para los Rockets, se convirtió en un reserva muy valioso para Houston, posiblemente la razón por la que hayan llegado a la Final del Oeste hace una campaña.

Pero en esta temporada Smith pasó a los Clippers en busca de una oportunidad de título, a menos hasta la semana pasada, pues los angelinos se hartaron y lo cambiaron de vuelta a Houston. Una suerte de leproso en el máximo nivel, aterrizó otra vez en Rockets por la simple desesperación del equipo.

Y al menos desde que fue cambiado, los Rockets se sienten mucho más en confianza, han ganado dos en fila y en total cuentan marca de 8-3 en los últimos 11 y le están dando un vuelco a su campaña.

Lo que nos regresa al punto de esta columna: ¿qué ocurre en Houston que Josh se siente en confianza para desplegar su juego? ¿Y qué pasa con los Rockets, que arañaron la mediocridad durante los primeros dos meses de la campaña y que ahora con ese cartucho quemado que nadie quiere se sienten con confianza como para recuperar su estatura del año pasado? En serio, ¡es de locos!

Ni siquiera vale decir que Smith no encajó en Pistons y Clippers por culpa del sistema, porque los estilos de juego de ambos equipos son ideales para un jugador como Smith. O es Smith o Rockets es una casa de enfermos mentales, en donde hasta su vilipendiada contratación que se supone los llevaría al siguiente nivel, Ty Lawson, por fin ha comenzado a producir para ellos, y de pronto, los Rockets lucen como el equipo que se vaticinaba previo a la campaña.

No se moleste en intentar entender lo qué pasa en éste y otros equipos NBA, es algo psicológico; es la mentalidad y la confianza, que cuando por fin aflora, puede hacer maravillas. Lo curioso es que tan fácil como los Rockets ya compiten en serio por un puesto en playoffs, en una semana pueden volver a su parsimonia habitual, cercenarse el cuello ellos mismos y nadie se sorprendería.

En serio, ni intente entenderlos.