Háganlo por Dominique

No hay que ser, ya hay quien insinúa que una potencial final entre Hawks y Warriors sería una catástrofe para los ratings de la NBA. Pero hay que preguntarnos, si esa tendencia de que la gente solo quiere ver a puro LeBron en las Finales sigue, ¿cuándo diablos aprenderá el gran público lo que es el mejor baloncesto?

Desde 2007 que los Spurs barrieron a los Cavaliers (practicando uno de los estilos defensivos más impactantes) en medio de uno de los peores índices de audiencia, la NBA tiembla cada que uno de los equipos de mercado grande (LA, Chicago, NY) se enfila hacia la sombra y uno de esos conjuntos pueblerinos se pone a ganar todo.

Les entra el pánico porque ninguno de los equipos con empuje global esté en una final o acapare el reflector durante la temporada, pero la realidad este año es que de las dos Conferencias, Este y Oeste, los conjuntos que mejor baloncesto practican son Atlanta y Golden State.

Atlanta ya tiene una marcha de 19 victorias sin derrota y se alza como el mejor equipo de la NBA, ergo, el equipo a vencer.

Creo que es la historia del año el hecho de que hasta el público ha vuelto a abarrotar la Philips Arena y que lo que logran cada partido esta versión de los Hawks llena de optimismo sobre lo que puede salvar a la Conferencia Este: un estilo fresco, espectacular, un juego de equipo.

Es porque el verlos a la vez de estar presenciando algo innovador, uno está asistiendo a la expansión del genial evangelio del coach Pop.

Atlanta es un conjunto en donde tres centros-delanteros de poder crean una psicosis en el rival porque son los que te destruyen desde la larga distancia, además, claro, de lo letal que es este año Kyle Korver, que hace pensar que la NBA bien pudo poner a todo el equipo titular de Atlanta en el roster del Juego de Estrellas.

No solo son sus victorias, que hacen ver al coach Mike Budenholzer como un auténtico genio, es esa idea de que Atlanta posee una identidad, algo que anda muy a la baja en el Este, y el verla renacer en cómo han rescatado el logo vintage que han puesto en medio de la duela, el ver a Dominique Wilkins, The Human Highlight Film, como comentarista ya en la edad otoñal, no solo hace sonreír, los Hawks son muy dignos representantes del Este, con esa sensación de baloncesto físico, onda Bad Boys de Detroit, pero muy suyo, muy Georgia.

Nadie pensaría que esta franquicia fue puesta en venta por sus dueños, que ni ante la mejoría de todo lo que rodea al equipo han abandonado la idea de rematar. Y en la duela, es esperanzador para el equipo que Al Horford, que suele sucumbir por lesiones bizarras, aún no se ha lesionado y el dominicano es una de las grandes razones por las que Atlanta está donde está.

Lo que más salta de Atlanta es esa característica de chicos blue collar, de abejas obreras, en un panal en que la armonía que han construido ha hecho que la NBA no tenga de otra que reconocer lo que está viendo mandando a tres jugadores al All-Star. Es como una secuela de la llamada popovización de la liga, (que aquí hemos referido como la forma con la que el coach Gregg Popovich ha influido en toda la NBA).

Los fuegos de los Hawks se pueden apagar conforme se acerquen a los playoffs y el recuerdo de su dominio en la primera mitad puede que a nadie le importe para ese momento, pero la forma en que un equipo que era deprimente se ha convertido en un faro de luz en el desalentador Este, es una de las historias más extraordinarias de esta campaña.