A los Grizzlies les urge adaptarse a los tiempos

Los Grizzlies de Memphis se han dedicado a diezmar ofensivas desde hace un lustro, su estilo nos hace sonreír con nostalgia por los días ya pasados, por las potentes defensivas de la historia que tomaban tu alma y te la devolvían hecha jirones.

Ellos mismos llaman a su arena, el FedEx Forum, 'The Grindhouse', el hogar del machaque de carne, o si se quiere elaborar más: el lugar del 'gore', la casita del terror. De los tipos rudos que te van desgastando, que no se rinden, que un déficit de 20 puntos lo ven como un reto.

En honor a la verdad, es una identidad definida y eso es algo que la mayoría de las franquicias NBA no posee: ese sentido de que juegas a "algo", de que cuando llegan los Grizzlies a casa, o tú vas a casa de los Grizzlies, te vas a topar con un estilo de juego que es como una capsula del tiempo y vas a salir con moretones.

Todo un ballet de pases, pantallas y desmarques tan solo para conseguir un disparo. Es una clínica de juego en equipo que tiene como fundamentos lo único que en realidad puedes controlar de un partido: el esforzarte porque tu rival no anote.

Pero tan hermoso como es ver al gran Marc Gasol y a Zach Randolph trabajar en el poste, también se ha convertido, sobre todo a partir de la campaña anterior, en un anquilosado proceso que no conduce a nada.

Verán, los Grizzlies son el baloncesto antes de que la presente revolución del análisis de estadísticas, del 'small ball', de la ofensiva que desperdiga a tiradores de tres en el arco ('spread offense'), del triple esquinero que es más efectivo que tirar cualquier doble de media.

Lo vi en el comienzo de la campaña, en esa sorpresiva paliza de 106-76 a los Grizzlies en su casa, ante los Cavaliers de Cleveland. Todos coinciden que el proyecto de Memphis vive sus últimas horas si no entregan el Larry O'Brien en junio de 2016 y una imagen de ese partido nos dice lo mucho que se puede amar a los Grizzlies y lo lejos que están de entender el cambio que se opera a su alrededor.

En la mencionada jugada, Marc recibe en la parte alta de la línea de tres, y su cometido es esperar a que Mike Conley, su habilidoso quarterback, salga de las pantallas y reciba, para permitir el pase al interior a Zach Randolph ya sin marca. Toda una muestra de buen baloncesto de antaño.

Pero los defensivos lo sabían. Y retrasaron el proceso hasta hacer ver a los Grizzlies como unos viejos decrépitos, empecinados con una jugada que todos sabían cuál era. Al final, el reloj de 24 segundos se acababa y Marc tuvo que pasar al peor tirador del equipo, Tony Allen, que como se esperaba, tiró un ladrillazo. Esos son los Grizzlies en un grano de arena.

Quizá demasiado orgullosos para entender lo que ocurrió con Golden State la campaña pasada: que cambiaron la historia, que rompieron paradigmas y que la NBA ahora QUIERE (para remarcarlo) ser como los Warriors. Y la razón es porque un triple bien colocado o una jugada de penetración en rompimiento es más efectivo y menos desgastante (pregúntenle a las pobres rodillas de Zach y Marc) que toda esa coreografía de movimientos calculados solo para hacerle llegar el balón a Randolph.

Seguro, nuestro corazón late cuando vemos la clase de valor que tienen los Grizzlies: el rebelde que decide vivir a su modo en un mundo cambiante que pide a gritos la velocidad. En ese mundo, Memphis se toma su tiempo, parece retar con la calmada sapiencia del 'bully' que su momento llegará y cuando suceda serán una historia parecida a la de los 'Bad Boys' de Detroit.

Pero la realidad es que los 'Bad Boys' forman parte de una época en donde las reglas favorecían su tipo de show físico aplasta bocas y la NBA no permitirá jamás que otro Bill Laimbeer aterrorice sus duelas, ya está vacunada contra ello.

Esta moderna era favorece la clase de equipo que es Golden State, y hasta los Spurs de San Antonio lo entendieron y actuaron en consecuencia: cambiaron.

Ese es el reto de Grizzlies en esta campaña, entender que su rebeldía tiene que ser más pragmática o de plano a resignarse a que este sólido y entrañable cuadro de jugadores jamás será campeón.