Durant no es una buena persona (es lo que le sigue)

Durant es la estrella ideal de la NBA. Luego de ser cargada por dos polarizantes figuras como Kobe Bryant y LeBron James, la actitud de chico bueno de Kevin Durant, que llora mientras agradece a su mamá durante la entrega de su primer trofeo a Jugador Más Valioso (ternurita), que parece un estudiante universitario cuando asiste a las conferencias de prensa con su mochila puesta y que comentó su extensión de contrato en 2010 por medio de un simple mensaje en Twitter, cuando James montaba un deleznable espectáculo mediático para anunciar que "llevaba sus talentos al sur de Florida".

Seguro, Tim Duncan es la estrella humilde, pero algunos no lo tragan y piensan que abrazar el balón con el rostro extraviado no es espectacular y algunos más están convencidos que es un androide controlado por Gregg Popovich. Pero Durant es un chico bueno. Tan bueno que algunos dicen que le falta tuétano en los huesos, demasiado correctito como para marcar su territorio ante Russell Westbrook.

Demasiado buena onda y cool como para ceder el tiro ganador a Russ y pregonar con alma de lama tibetano la paz, evitar un conflicto en Oklahoma City, ni una sola palabra en contra del coach Scott Brooks a pesar de que éste a veces parece que tiene como única "estrategia" dársela a Durant para que "nos gane el juego" y salve su trabajo.

Pensar qué podría ser de los Thunder si tuvieran a un Durant con piel de MJ, ni siquiera demasiado, con un poquito del instinto asesino y malnacido que acompañó a Air, Durant sería el siguiente horizonte de jugador, una especie de fenómeno de la naturaleza en un envase totalmente tetra pak y atractivo, no como Kobe o LeBron, que parece que están enojados con la creación y cuyas expresiones de rey del ghetto no les ayudan en nada a encandilar a una nueva generación más alivianada.

Durant al parecer no tiene esqueletos en el clóset, es todo lo que cualquier liga querría de su poster child. Durantula es tan chévere y alivianado, y maduro y aterrizado a la realidad, que una campaña publicitaria de su modelo de tenis de hace un año se encargaba de animar al consumidor de los barrios que escucha a Fifty Cent y piensa que ser gangsta es aspiracional mientras agitan sus cadenas de oro en un auto clásico, que "Kevin Durant is not nice". Demasiado tarde. Ya todos sabemos que lo es. Incluso el rival. Y Kevin tiene que demostrarles lo errados que están, sino se irá con su bondad a otro lado.

Porque Durant, como buen samaritano se encargaba de no maldecir y ayudar a todos, y cada que su hermosa mamá aparecía en los partidos de OKC, el buen hijo se acercaba a abrazarla mientras algunos espectadores tomaban fotos de la escena con ese rostro que expresa un "so cute", como una moraleja para sus polluelos en casa.

Pero cero anillos en sus dedos.

Y corre a felicitar a LeBron cuando éste le ha dado una lección en la duela. Y con la cabeza baja se ha quedado a uno o dos pasos del título, y ya va al octavo año, cuando ya no hay pretexto que valga, donde ya no es juventud sin límite; donde los huesos y el alma ahora le exigen poner su enorme tenis sobre un montón de escombros de su rival y clavar la bandera con los colores de Oklahoma y anunciarles que el rey es otro y que espera aplastar a quien se rebele de ahí en adelante.

Si no tienes esa actitud en la NBA te harán papilla. Todos los pasados campeones en esta suprema Liga lo saben. ¿Porqué Durant no se ha enterado?

Es este año para Durant: ¿seguirá siendo un caballero en la duela, o comenzará a perder por fin el respeto y a ganarse el de los demás en el proceso? O quizá tengamos que resignarnos a que es de la secta de Chris Webber, Tracy McGrady, de Vince Carter: talentos excepcionales y únicos que dejaron su marca indeleble en la historia, pero que no pudieron jamás saltar como maniáticos como MJ, o bañarse en champaña.

Durant tiene un talento que no merece quedar en la orilla, y esta temporada 2014-2015 tendrá que dejar claro que Oklahoma es su nave y que la llevará a buen puerto. El tiempo corre para el hijo dorado de la NBA.

Último momento. La lesión en el pie mantendrá fuera a Kevin Durant por lo menos un mes de la temporada regular, lo que pone más difícil su camino.