Cleveland sigue un nivel abajo de Spurs y Warriors

Bastan ver dos ocasiones en el partido de ayer por la noche entre Cavaliers de Cleveland y Spurs de San Antonio para notar que los Cavs, el equipo de LeBron James, tienen un largo camino por delante. Fueron dos rachas de los texanos,  en que se notó lo que hace a San Antonio un conjunto de élite. La primera marcha se dio en el tercer cuarto, cuando los Spurs, que llegaron a estar abajo en la primera mitad por 15 puntos, orquestaron un inicio de parcial de 11-3 para tomar su primera ventaja.

James y los Cavaliers comenzaban adueñarse del partido y se pudieron ver inteligentes modificaciones que terminaron ayudando a los Spurs. Para empezar, Gregg Popovich no va a tolerar que Danny Green juegue tan a la baja durante todo el partido, por más que la puntería de Green y su defensiva sean vitales para que San Antonio piense en su sexto título. Green fue una de las prioridades de los texanos en la agencia libre y este escolta tiene la característica de pasar de ser una fuerza dominante a francamente un mal jugador de baloncesto. Ayer finalizó con cinco puntos y su deficiente marca sobre J.R. Smith es una gran razón por la que Spurs terminó el primer cuarto perdiendo 32-20.

Otro colorido detalle es que Tim Duncan, ese inexpresivo jugador que parece de cartón, con movimientos robóticos, se dio cuenta que LaMarcus Aldridge comenzaba a jugar su acostumbrada apatía defensiva con la que jugaba en Portland, y lo jaló a un lado y le metió un regaño que pocos veteranos pueden darse el lujo de comandar con tal autoridad, no importa si era una estrella con los Blazers, acá si la situación lo pide será una humilde abeja obrera y se acabó.

El ajuste final es que Kawhi Leonard se dio cuenta que si seguía disparando de media distancia su equipo tendría una noche difícil. Leonard se dedicó a llevar al aro el balón, nueve de esos puntos, incluyendo un triple, le dieron a San Antonio su primera ventaja.

Lo que hace un equipo veterano, sabe lo mucho que significa no perder el primer juego en casa (San Antonio llegó a 23 victorias en fila en su duela esta temporada) y sobre todo, no darle oportunidad a Cleveland de ganar su primer partido realmente importante. El de ayer fue un juego de playoffs, de inteligencias, porque los Warriors acaban de poner todo más difícil para todos y la ventaja de casa no será para San Antonio, a pesar del récord, lo que hace finalizar en segundo lugar del Oeste no sólo necesario, sino vital. No es el insulso récord, es no dejar que un participante tan talentoso como los Cavs piensen que pueden competir.

La segunda racha fue de 11-2, a comienzos del cuarto periodo, con el relevo de lujo, David West, demostrando porqué llegó a San Antonio. Ese parcial, Kyrie Irving lo inició con una penetración al aro para colocar el marcador 75-72, la última canasta de los Cavs en casi siete minutos, suficiente para que los Spurs tomaran ventaja de 10 y la administraran para obtener un triunfo de calidad, en preparación para el ansiado duelo del 25 de enero ante Golden State.

Es donde te das cuenta lo cerebral que es este deporte y cómo lo que caracteriza a expertos como el coach Popovich es lo despiadado que puede ser. Llegado el momento, no es un juego, si sus estrellas no dan el ancho, las sacará para meter a quien no se opaque con la ocasión. Eventualmente los Spurs perderán el invicto en casa, pero es importante no hacerlo ante un titán en ciernes como los Cavaliers.

Es exactamente la actitud de Tony Parker, que finalizó con 24 puntos, la que hace que San Antonio sea una franquicia temible. Al finalizar el encuentro, el reportero de la cadena TNT, Craig Seger le preguntó si estaba pensando en su nominación al Juego de Estrellas que se celebrará en Toronto, Canadá el 14 de febrero, Tony se encogió de hombros y dijo: "honestamente no me importa si voy o no, yo quiero ganar campeonatos". Cuando los Cavaliers tengan esa simple idea en su cabeza, darán el siguiente paso.