¿Camino a lo inevitable?

Vaya curva resbaladiza la ausencia de Gustavo Ayón. Con Adam Parada supliéndolo, buscando que le dieran el pase en el poste bajo, de espaldas al aro y ganando en frustración, pues si casi no lo han utilizado en esa instancia en todo el proceso de la selección, no iban a comenzar hoy, con un partido de vida o muerte, que no lo parecía, y gracias al menor nivel del rival, México pudo finiquitar.

Orlando Méndez entró en el segundo periodo y sus primeras dos posesiones fueron pérdidas de balón, cinco hasta ese entonces. Corea ni se molestaba en defender el interior sabía que estaba perdido en esa área de la llave. En lugar de ello, construía un domo en la línea de tres con jugadores más altos sobre Méndez y Paul Stoll.

Yo no sé porqué los mexicanos siempre nos las arreglamos para convertir todo en un melodrama, en una experiencia surrealista, es como si sintiéramos que no vale la pena si no estamos al borde del precipicio. ¿Por qué nos encanta sentir la hoja fría sobre la garganta y dejar que se deslice un delgado hilillo de sangre? A eso jugó México en la primera mitad.

El triple de Román Martínez al final del segundo cuarto, unos tres pasos atrás de la media cancha, que nos dio 10 de ventaja fue un instante agridulce. Porqué tiene que ser siempre el Sexto Hombre (¿vio esa película?); en una palabra: la Providencia, siempre echando un empujoncito, cuando por primera vez en 40 años tenemos un equipo capaz de dialogar, de hablar el lenguaje del baloncesto con cualquiera.

A estos tipos les encanta sufrir y hacernos sufrir. ¿Qué necesidad había de ese fallido alley oop de Jorge Gutiérrez cuando había una canasta fácil en rompimiento? ¿Y de esos pases cruzados en salto de Méndez, que es de lo primero que se enseña a no hacer en el baloncesto?

Cuando entrenadores y scouts de las ligas europeas, de la misma NBA, ven ese tipo de errores en los fundamentos de un jugador, voltean para otro lado, son fallas muy difíciles de corregir en un jugador. Y la mejoría en la mentalidad de la selección nacional da dos pasos hacia atrás. Observé la cara del coach Sergio Valdeolmillos luego de la jugada de Gutiérrez, entre decepción y desconcierto.

¡No a este nivel Jorge!, tú mejor que nadie debe saberlo al ya militar para un equipo de la máxima liga mundial. El caso es que quizá no haya otro deporte que exija más humildad de sus participantes. Esos desplantes de comenzar a tomar a los coreanos como una broma cuando ya había un colchón de puntos no son sabios y pasan factura.

Subestima al rival, es lo que hizo el siguiente oponente de México en el Mundial de Japón en 2006, lo hicieron ante los griegos, y éstos les recetaron una dosis de humildad que hizo que los directivos del basquetbol en Estados Unidos comenzaran a tomar en serio hasta el ese entonces "resto del mundo". Un simple vistazo a la historia bastaría para entender que el basquetbol enseña humildad tanto en la victoria como en la derrota.

Cuando ya tienes cierta ventaja ante un rival te pones metas: no perder otro balón, 11 al final del tercer cuarto, 14 para el juego. Mientras la pelota está en juego no das oportunidades al adversario, parece mentalidad militar, muy estricta, pero esa disciplina es necesaria para construir algo sólido: sales a desgarrar al rival, suena rudo pero así es. Solo aspirando a la excelencia se llega a ella, en este partido México estuvo lejos de eso.

No son formas de conducirse por estos lares, ni Lituania, ni Eslovenia ni Australia nos insultaron de esa forma, nos tomaron muy en serio y los marcadores lo reflejan. Esos lapsus brutus son problemas de actitud, ningún coach toleraría ese nivel de complacencia, no en este nivel, porque evidencia malos hábitos y si se aspira a construir un equipo de élite el reto es corregir esos terribles dislates, esos detalles son la diferencia entre un buen equipo y un gran equipo.

La rifa del tigre

México está en la segunda ronda, pero irá contra Estados Unidos en octavos de final y aunque la tentación (y lo inevitable) es descartar a la selección de nuestro país desde ahora, si se juega el mejor partido de todo el Mundial, se dará un paso muy importante rumbo al Preolímpico del año próximo en Monterrey.

La bola es redonda, no se descartan los milagros, los paradigmas están para romperse y esa debe ser la actitud no solo ante este acorazado que parece imposible de hundir, sino ante cualquier rival. Creería que algo como el triunfo de Puerto Rico en 2004 ante Estados Unidos en los Olímpicos de Atenas, o como la ya mencionada hazaña de Grecia es posible, pero parece aún más difícil en esta época.

Porque posiblemente los jugadores estadunidenses comiencen a considerar que es un duelo que tienen en la bolsa y mañosamente comiencen a relajarse, como ha ocurrido ya varias veces en este torneo. Pero ni Mike Krzyzewski, ni Jim Boeheim o Tom Thibodeau, los entrenadores del equipo estadunidense, permitirán que su equipo se tome a la ligera a nuestra selección, son guías de primer nivel que le han dado esa sopa de humildad a los en ocasiones soberbios jugadores de ese seleccionado.

México va por el que se convertiría en el mayor triunfo de su historia y algo que, efectivamente, cambiaría los paradigmas no solo de nuestro deporte, sino del juego a nivel global (¿se imagina el alboroto ante la prensa estadunidense?) todo se sabrá este sábado. La realidad es más cruda de lo que parece, no solo para México, sino para el resto de las naciones en el Mundial (aún a esta selección estadunidense que no es tan dominante solo España puede ponerlos en jaque, en serio). Pero enfrentar a este rival con gallardía puede ser un termómetro muy útil para seguir construyendo para el futuro.

Queremos más Mano Santa

Si este año las televisoras vuelven a invertir en pasar básquet por la TV aprovechando su momento, (¿Claro Sports?) sería un error garrafal que no trajeran a Arturo Mano Santa Guerrero como comentarista a sus transmisiones, simplemente un placer escucharle, hasta sus muletillas de terminar cada comentario con un "eh" en forma de pregunta. Y los de Fox Sports harían mal en no seguir enamorados de su estilo e involucrarlo en otros proyectos.