Los Bulls ya no son el show de Rose

Casi dos años fuera y el MVP más joven en la historia de los Bulls de Chicago dice estar listo para llevar el séptimo título a las vitrinas del equipo, pero en algún lugar su entrenador y compañeros parecen decir: "tómalo con calma D-Rose". Aún se recuerda cómo el año pasado ya había recibido el alta médica para volver a participar en los juegos de la NBA y Derrick Rose optó por no hacerlo, y los Bulls, llenos de pánico por contradecir a su estrella, asintieron... resignados.

Había sido horrible ver lo aparentemente inocua de la lesión de Rose en la primera ronda de los playoffs de 2012, con el atlético guardia intentando una parada en dos puntos cuando el partido ya estaba ganado, reforzando la crítica hecha al coach Tom Thibodeau de no manejar bien los minutos de sus jugadores (cosa de la que ya se arrepintió, en apariencia).

Cualquier jugador que sufra la misma espantosa lesión dos veces quedaría con una especie de trauma para el resto de su vida, por ello es entendible lo de Rose.

Y crédito a él, que a veces parece Patrick Ewing con esas protecciones en la rodilla, por su gran trabajo para volver a una forma física para jugar en la Liga, y durante su rehabilitación había explicado que incluso su salto o resorte había aumentado.

Rose es un acto tan anhelado en la NBA que él mismo no ha minimizado las expectativas de su regreso y se entiende que lo ha hecho para mantener los patrocinios y la atención mediática. Pero bien haría en comenzar a poner los pies sobre la tierra.

Que el coach Thibodeau, asistente de la selección estadunidense en España fuera muy celoso de administrar los minutos de su estrella, habla de que Rose aún no tiene la confianza y que su entrenador no le va a exigir de más.

Esta pretemporada no ha sido la excepción y es que después de dos años sin jugar y tras haber demostrado un nivel tan supremo que obligó al Heat de Miami a doblemarcarlo cada que tenía el balón en la Final del Este de los playoffs de 2011, Rose se convirtió en un jugador tan dominante que podía ganar juegos. Pero el fan de los Bulls se haría un favor si comienza a exigir algo menos desbordado de este excitante jugador.

Y es que aun los no fans de Chicago recuerdan con amargura ese momento trágico que hizo que los Bulls se colapsaran. Fue como estoicismo si se quiere ver así. Con los Toros incapaces de lidiar con el impacto de ver al jugador más talentoso (y además hijo modelo de Illinois), que ha llegado al equipo desde MJ, tendido en la duela por una lesión absolutamente fortuita.

Algún día este pasaje quizá sea abordado en algún tratado psicológico deportivo: cómo es que tras ganar ese partido 103-91 ante Filadelfia en la primera ronda de los playoffs de 2012, Philly ganó los siguientes tres y al final por 4-2 y los Bulls ausentes.

Cualquier persona que no vio los juegos explicará el hecho como que al no estar Rose los puntos de éste hicieron falta. Pero la verdad es casi novelesca, es como si los Bulls no hubieran querido seguir: como un animalito resignado a que le pasen el cuchillo por el cuello. Fue doloroso ver lo que le pasó a Rose, la peor lesión que puede tener un basquetbolista y en esa clase de jugador que parecía empujar la evolución de la posición de point guard a niveles estilo LeBron, nada menos.

Este próximo ciclo las expectativas con Rose vuelven a ser altas, solo que esta vez los Bulls están blindados y preparados para la posible sorpresa. Esta vez todo apunta a un plan B que incluye volver a los Bulls un equipo no dependiente de la anotación de Derrick. Es donde los aficionados tendrán que comprender que quizá Rose ya no vuelva a ese nivel de titán de antaño, pero en una liga donde todo es adaptación, su reinvención, y que comprenda por fin su rol, podría llevar a los Bulls a ser un equipo dominante, sin duda.

Hay vida sin Rose

Todo está listo para que Kirk Hinrich tome posesión de las riendas del equipo en caso de un potencial problema con Rose, y aunque Hinrich es un pure point guard, (lo cual quedó en evidencia los pasados playoffs en que Chicago se fue en primera ronda porque eran incapaces de anotar puntos), para darle un empuje a la ofensiva del movedor, la cual es necesaria en los esquemas del coach Thibodeau, la llegada de Aaron Brooks como movedor reserva les da una gran oportunidad de tener algo similar a lo que tenían cuando Jannero Pargo servía como catalizador desde la banca, volviendo al equipo un cóctel uptempo cuando los titulares descansaban.

La pérdida de Luol Deng se ha sobre dimensionado, porque Jimmy Butler es el nuevo all star escolta del equipo y necesitaba espacio para brillar, y junto a Pau Gasol, Nikola Mirotic, Mike Dunleavy y Doug McDermott, prometen tener cubierta la difícil asignación, (para un equipo defensivo), de valorar la ofensiva, algo en que están mucho más adelantados que sus rivales de la Central, los Pacers de Indiana.

Y eso sin contar que el equipo ya cuenta con un combo de delanteros defensivos que puede ser el mejor de todo el Este, con Joakim Noah y Taj Gibson, ambos competidores que encajan a la perfección en el esquema del coach Thibodeau, un estratega con ADN de los mejores coaches, en pasos de ascender al Olimpo NBA, solo le hace falta dar el paso decisivo con los astados.

Los Bulls ya entendieron que Chicago tiene esperanzas mientras no exija demasiado de su querido hijo predilecto, y quizá por eso son más peligrosos que los años anteriores en que no lo habían entendido. No falta mucho para comenzar a averiguarlo.