¡Basta!, los Spurs no repetirán

Y por eso señores, los Spurs no han repetido nunca como campeones de la NBA. Yo no los culpo en absoluto. Su estilo de juego es complicarse la vida en realidad, para beneficio de la creación, de lo lindo del juego. En realidad, la búsqueda del pase preciso es algo bonito de ver y tremendamente difícil de lograr y lo que veo en los Spurs en este momento no es falta de energía o por enésima vez la gastada cantaleta de la edad de sus tres estrellas, es hastío, es ganas de irse a la playa (o a donde quiera que vaya Duncan en las vacaciones).

Hay que decirlo, los niveles a los que llegaron el año pasado, con esas 19 victorias consecutivas, quizás son las últimas pinceladas del conjunto. Es porque solo la salud de Kawhi Leonard, disfraza lo suficientemente a un equipo donde Tim Duncan todavía puede pararse y alterar tiros, ser alguien importante de su equipo aún a los 38 años y Manu sigue siendo un mago de los pases.

La pregunta es ¿lo desean lo suficiente? Y la respuesta parece ser no. La NBA es un asunto así de drástico, una vez que tienes la capacidad y el garbo, hace falta quererlo con fuerzas inusitadas.

Y no es por el récord, no es ni siquiera que el equipo no ha estado sano durante toda la campaña, con su más reciente baja Marco Belinelli, y ahora el molón tendón de la corva de Tony Parker, que obliga al coach Pop a preguntarle a su base "¿estás bien?, a mitad de juego. Es el hecho de que un estilo tan mental y demandante requiere a avispados sujetos en todo momento y para cargar un trabajo tan exigente se requiere de una motivación en verdad difícil de conseguir.

En 2013-14 los sostenía su deseo de borrar su extraño dislate de las Finales de 2013, que les vio perder en siete segundos una serie que hubiera adelantado un ciclo el retiro de LeBron James del Heat de Miami (damn!).

Pero mientras observo a Timmy Duncan perder balones de forma bobalicona, me pregunto ¿qué los motiva este año? No, no pierdan el tiempo, no hay la suficiente hambre en esos viejos huesos como para defenderse en la asquerosamente cruel Conferencia Oeste.

Es como si los pioneros Spurs fueran obligados a contemplar el monstruo que ayudaron a crear, en los hermosos estilos de Golden State y Atlanta y siguiendo la estructura mítica, no estuvieran convidados al banquete principal.

Es porque nunca he creído que sea por edad, es porque cualquier actividad mecánica puede convertirse en un suplicio si se repite a saciedad y en este momento puede verse que los Spurs, que anunciaron ya el año pasado una de las más excelsas revoluciones que el baloncesto ha conocido, en este momento no tienen el espíritu necesario para sostener su lindo alegato a favor de este deporte.

La segunda mitad, luego del Juego de Estrellas, es el momento en que algunas versiones históricas de San Antonio suelen levantarse y donde se verá si estos Spurs pueden mantener el rumbo o otra aniquilación en primera ronda.

Pero sinceramente, también me gusta pensar en los Spurs no como máquinas, sino como humanos que pueden llegar a cotas excelsas periódicamente, pero su arte es tan difícil de lograr, que por eso no pueden sostener esos niveles año con año. Tal vez los mismos Spurs quieran pensar lo mismo de ellos.