A Atlanta le hacen falta estrellas

Por momentos en estos playoffs, los Hawks de Atlanta han demostrado la clase de equipo que pueden llegar a ser, pero luego la falta de una estrella los devora y su ethos de juego en conjunto no se puede sostener. Ver jugar a Atlanta puede ser en verdad algo revelador, ese evangelio de Gregg Popovich, predicado por su discípulo más avanzado y Coach del Año, Mike Budenholzer, de que todo el plantel juega y un elemento es sustituido por otro que sepa jugar al mismo sistema: lo importante es, ergo, el sistema.

Cuando están acertados, una franquicia que no tiene absolutamente a ningún jugador promediando 20 puntos, manda 4 jugadores al Juego de Estrellas (la realidad es que debió mandar a 5) y hace pensar que el baloncesto es tan genial que este mismo equipo de jugadores de reparto puede conquistarlo todo. Y claro, tuvo una racha de 19-0 en la campaña regular para imponer nueva marca de la franquicia, incluyendo un enero de 17-0 en que todo parecía posible.

Pero los playoffs exponen la terrible realidad, la más cruel de todas: necesitas la genialidad individual, no hay de otra.

A los Spurs les ha funcionado de maravilla el mismo esquema porque tienen 3 estrellas capaces de llevarlo a cabo (ahora 4 con Kawhi Leonard). Es el gran espejismo que sostuvo a los Hawks en un año de fábula en que regresaron el respeto al baloncesto de Georgia: que Atlanta estuvo viviendo y proyectando una enorme sombra gracias a la increíble campaña de Kyle Korver.

Durante varios meses Korver daba la impresión de haber vendido su alma al diablo, su efectividad estaba en camino de ser histórica. Pero desde finales de febrero comenzó a decaer y Atlanta debió advertir lo difícil que es el hecho de que tu go to guy (el tipo al que le das el balón cuando necesitas ofensiva rápida), sea tu escolta y éste tenga que recorrer kilómetros (literalmente) para desmarcarse entre las pantallas y conseguir los puntos, es vistoso, pero no es práctico, es más bien impredecible. Jugadores como Korver son recursos, y Budenholzer haría bien en tomar nota de cómo Doc Rivers de los Clippers utiliza a su J.J. Redick.

Es lo imponderable y bello de su juego y lo que a la vez debe mandarles el mensaje: "somos muy buenos, pero en tiempo crucial, con el partido en la línea, necesitamos a una estrella, a alguien capaz de crear ofensiva de la nada y sostenernos". La estadística del Juego 3 contra Washington es reveladora.

Fuera del cuarto periodo en que su banca terminó en poco más de 7 minutos con una diferencia de 21 puntos, Atlanta fue limitado a 7 de 23 en triples (cuatro de ellos en el referido cuarto parcial) para un doloroso 30.4 porciento.

Y mientras, Washington parecía un sádico echándole sal a su herida, atacándoles en la pintura con "pick and rolls" y luego sacando el balón hacia el perímetro, donde anotaron 10-28 en tiros de tres, Atlanta tenía que recurrir a menos movimiento de balón (cuando hacen esto juegan mal) y buscar ofensiva rápida.

Tan desacostumbrados están que a menudo terminaron con intentos muy lejos del aro, los Wizards no tenían más que ganar el rebote largo y echar a correr para puntos fáciles.

Es así que lo que asombraba de Atlanta, que hacía ver a jugadores de rol como estrellas consumadas, es un velo que los playoffs se han encargado de descubrir. En la NBA sí se necesitan estrellas, porque siempre ha sido así. Estrellas y buenos jugadores de reparto; esa es la gran lección a tomar para un equipo que está en camino de constituir a una potencia perenne en el Este.

ÚLTIMO APUNTE

La lesión de John Wall, a pesar de todo, le da la oportunidad a los Hawks de reagruparse para intentar empatar la serie. Yo por otro lado, creo que la azotaina del Juego 3 hizo algo más que desinflar la química de Atlanta. Les demostró que un equipo menos vanguardista y más aterrizado en la realidad, capaz de pelear en cualquier trinchera, como Washington, tiene más posibilidades gracias a su pragmatismo.