Ahora, a seguir el nuevo evangelio Warrior


Andre Iguodala cambió todo el esquema de David Blatt, simplemente era algo inesperado, un delantero capaz de defender las cinco posiciones y a LeBron James, correr el rompimiento, finalizarlo, y para el colmo: anotar triples, y los de Iguodala fueron los más dolorosos para la causa de Cleveland, como agujas hipodérmicas encajándose en los puntos vitales.

Los Warriors demostraron en las Finales que de aquí en adelante el conjunto que logre el pace más alto, tiene mayor probabilidad de llevarse el título. El evangelio fue escuchado, y ahora, los Pelicans de Nueva Orleans armarán su propia versión del ensamble californiano, pues su coach para 2015-16, es Alvin Gentry, el entrenador asociado de los Warriors, autor de la portentosa ofensiva de ese conjunto; y Doc Rivers, en los Clippers de Los Ángeles, ya mandó a Matt Barnes y a Spencer Hawes en canje a los Hornets, para conseguir a otro creador de jugadas, Lance Stephenson, porque la rapidez y efectividad es el nuevo nombre del juego.

Los Warriors no solo amenazan con regresar por otro título la próxima campaña, ya patentaron un patrón que la mayoría morirá por imitar. La prueba de que el sistema funciona quedó demostrada en ese primer título en 40 años, ganándolo con una mezcla de sabidurías de la vieja y la ahora nueva y futurista escuela de este coloso del Oeste.

Es difícil no ver la mano de Gentry en el trabajo ofensivo que hicieron los Warriors, un equipo que el coach Mark Jackson forjó durante dos años y medio, del que adquirieron a los elementos para poner en duela esa defensiva que aplastó a los rivales en 2014-15.

Pero Jackson creía que lo que evitaba que los Warriors dieran el siguiente paso era esa actitud de ataque alegre que les dejó Don Nelson como huella digital: ese baloncesto despreocupado y vistoso que regaló momentos cumbre e inolvidables, como la eliminación de los Mavericks en primera ronda en 2007.

Jackson no quería dar la rienda suelta a su equipo, era dogmático y creó una cultura sin la cual los Warriors no hubieran levantado el trofeo de campeón: disciplina y agresividad defensiva.

Sin embargo, con Jackson, Stephen Curry debía funcionar como un movedor en todo momento, y algunos de los tiros disparatados que hundió durante toda esta campaña, hubieran suscitado su enojo, porque el sistema privilegiaba el forjar una férrea defensiva, y selección de tiro de acuerdo al manual, de lo que siempre habían carecido los conjuntos de los Warriors.

LA LLEGADA DE KERR

Steve Kerr, en su primer año, arrugó esa hoja de ruta y con esa cualidad juvenil le dijo a Stephen que fuera él mismo y el jugador respondió convirtiéndose en el MVP de la NBA en una campaña para los anales de la historia.

Ahora, el ensamble de los Warriors, con ese multifacetismo para encarar las distintas demandas de un juego es una cualidad de la que todos los gerentes generales están tomando nota. Fue de cátedra, ver a Marresse Speights en los primeros juegos, utilizando su tiro de media y posteo para aprovechar que los Cavs no tenían con quién marcarle y cedían ese espacio. Luego, cuando se hizo inservible, el staff de Warriors mandó otra combinación y a Speights de vuelta a la profundidad de la banca.

Se dieron cuenta que su cuadro alto no le iba a ganar a Tristan Thompson y a Timofey Mozgov y solo los alentaba, y decidieron sacrificar lo que fuera por conseguir ese ansiado movimiento de balón. Una vez lo consiguieron, los Cavaliers estaban condenados.

Así es, cuando Andrew Bogut, que ayudó a abrumar a Marc Gasol y a Zach Randolph en la serie contra Memphis, se convirtió en un lastre para el equipo, Kerr lo mandó a la banca sin contemplaciones. Cuando Klay Thompson (ausente casi toda la serie) y Curry, tuvieron una mala racha, el coach Kerr recordó que tenía a Draymond Green, que no solo sabe extender el campo y anotar de tres, sino postear y buscar la penetración por el centro, trabajándole pick and rolls.

Cuando Harrison Barnes entró en un letargo, Kerr y el staff resolvió cambiar esa precisión en triple desde las esquinas luego de asistencia de hockey, por la velocidad de Leandro Barbosa para penetrar y elevar el rompimiento rápido.

Cuando los tiros de tres no cayeron, puso en cancha a uno de los mejores movedores que juegan de espaldas al aro, Shaun Livingston y éste respondió como el mejor.  

Luego lo de David Lee rescatando a los Warriors de una paliza en la derrota en el Juego 3, puede ser el momento clave, porque en esos últimos minutos, mientras los Warriors intentaban un regreso milagroso como el del Juego 3 ante los Pelicans en la primera ronda, Curry recobró su confianza y de ahí los de Oakland simplemente utilizaron todo su plantel para terminar de echarse a la bolsa la serie.

UN SABIO SMALL BALL

Estrategias como la de ir con esa engañosa alineación baja: Livingston, Draymond Green, Andre Iguodala, Stephen Curry y Klay Thompson. Engañosa porque Livingston, Green e Iguadala, pueden jugar al poste y extender el campo, crear psicosis si están en la línea de tres y pasar sin florituras a Curry y a Thompson para triples: lo mejor de ambos mundos en una compacta alineación.

Es donde la profundidad de la banca de Warriors mató a Cleveland, pero no solo eso, sino que Golden State, desde el Juego 4, tuvo siempre una alineación para enfrentar a sus rivales y conseguir el dorado pace.

Los Warriors han inaugurado, un año después de la victoria de la sinfonía texana de los Spurs, el derrotero que seguirá la liga durante la siguiente década: una fusión pragmática de tomar lo que sirva de cualquier escuela de pensamiento de basquetbol. No son los Knicks de esta campaña, que se hicieron añicos al no poder implementar el coach Derek Fisher la ofensiva de triple poste, los Warriors no se casan con un estilo, su estilo es usar el que sirva y tener el talento y material humano para representarlo competentemente, porque solo les sirve para la ocasión, así de simple.

Lo que demostraron los Warriors es que un equipo tan versátil, que puede jugar y enfrentar cualquier situación, es el que terminará riendo al final de hoy en adelante. Ha nacido un nuevo monstruo que no pudo ser posible sin décadas de conocimiento depurado y aplicado de la forma más fría y calculadora. Alabemos pues la hermosa tiranía que viene.