Un paso para atrás, “resto del mundo”

Y llegó un momento en que los serbios parecían estar disfrutando la paliza que les estaban propinando, y no pude más que imaginar, como dicen, cómo cuando en una violación llega un momento en que los expertos recomiendan, ante lo inevitable, mejor relajarse y disfrutar (eso es en serio).

Algo muy anticlimático, totalmente distinto al desenlace en el torneo de los Juegos Olímpicos de Londres, donde los Estados Unidos fueron rescatados por la genialidad de Kobe Bryant, de una derrota que le hubiera dolido mucho a los americanos, contra España.

Se pensaba, lógicamente: "la distancia se acorta", y la misma NBA lo creía a pie juntillas, en verdad pensaron que se podría complicar su camino este 2014 con una selección en la que estuviera Mason Plumlee (¡oh, por Dios!), y eso porque ni Kevin Love ni Blake Griffin quisieron venir a defender los colores de su país, luego sucedió la espantosa lesión de Paul George y el retiro de Kevin Durant.

Temían a España, el único que en verdad podía probarlos, y se regocijaron cuando el navío español se fue abajo en llamas, sabían que ante España sería calvario.

Pero fue muy bizarro cuando finalizó todo ayer y los serbios festejaron su plata como si en verdad hubieran conquistado el oro. Y todo se redujo a sonrisas. Raduljica, Bogdanovic y Teodosic felicitando a los americanos, como un club de NBA y ex NBA y futuros NBA, todo respetuoso, como pajes agradeciendo la corrección de un dueño de hacienda luego de concretar una lección severa por insolencia.

Podría ser una escena que después se relata acostado en el diván de un psiquiatra. ¿Cómo es que aún con una selección B, los americanos ganaron sus partidos por 33 puntos en promedio? Parte de esa ordalía de sangre se debe al aparatoso 114-55 contra Finlandia en el partido inicial, pero aún así.

Y en los terceros cuartos saltaban sin piedad sobre sus presas (los ganaron por promedio de 10.4 tantos por juego), y la única vez que fueron perdiendo a la mitad fue contra Turquía, y luego los destazaron vivos.

¿Qué ocurrió desde que Grecia obligó a los americanos a tomar en serio las competencias internacionales cuando derrotó a la selección de EU y los dejó inconformes con el bronce?

La diferencia quizá estribe en que por fin entendieron que no hay que atarragar un equipo de estrellas, sino traer el talento que será útil, aquél que sirva para jugar en reglas FIBA; que tome ventaja cuando la haya. Kenneth Faried como el delantero perfecto para competir en FIBA, a Stephen Curry y a Klay Thompson ambos cabezas de puente de la revolución de los triples en la NBA, que, curiosamente, fue obligada en esa liga por los conjuntos europeos y por la hoy en decadencia selección argentina de Manu.

Si algo debe espantar al "resto del mundo", es la forma en que los americanos se adaptaron.

Ya no son la selección estadunidense que se infartará cuando el equipo contrario emplee una defensiva de zona, o los que parecían atónitos cuando el otro equipo les respondía, (eso era un alarde de soberbia de los hoy campeones de España 2014 y ya es cosa del pasado).

Estos americanos ya respetan a su rival, ya no se confían y por toda respuesta al increíble juego perimetral de las potencias europeas, resolvieron cortar por lo sano y asfixiar a los rivales desde antes de que comenzaran sus quirúrgicas rotaciones de balón; desde media cancha, convirtiendo en pulpa los planteamientos de los coaches europeos.

En total los primos de los States permitieron 56 de 199 en triples, un 28.1 por ciento. El resumen es de escándalo, porque si algo demostró la década pasada era que la distancia se acortaba con selecciones potentes haciendo una marca importante, ese fue el acto uno.

Y luego unos sonrientes Mike Krzyzewski y Tom Thibodeau aparecen para cerrar el telón en la cara de todos en el acto dos. Así acaba, no hubo acto final, ni clímax, de lleno al dominio aplastante otra vez, a volver a ponerse encima ese halo de invencibilidad, a demostrar que pueden mandar una selección que incluye a Andre Drummond (¡oh, por Dios!) y terminan conquistando el oro en una forma en que cada victoria parecía también una destrucción de la psique del rival.

Más datos para documentar la falta de optimismo: los americanos forzaron 198 pérdidas de balón de su rival y los acabaron con 238 tantos en rompimiento rápido, un brutal 26.4 por partido, lo que fue una vez el fuerte de selecciones élite como la hoy oficialmente hundida Puerto Rico.

El resumen es que el poderoso monarca ha comprendido y estudiado lo que le había faltado desde que Puerto Rico los venció en 2004 practicando básquet tan jovial como el propio Carlos Arroyo; desde que Grecia los mandó por el bronce en Japón, 2006.

Esta vez ya tienen demasiado conocimiento depurado, no pretenden tropezar con la misma insolente piedra. Sabían que tenían que traer una escuadra que supiera tomar ventaja de las benignas reglas FIBA. Que la línea de tres más corta beneficia a Curry y Thompson que juntos han clavado 1,228 triples en sus últimos dos años en NBA. Había que verlos como niños con juguete nuevo con su equipo conectando 77 de 202 un 38.1 porciento, atroz para el resto.

Que ante equipos de FIBA pueden redescubrir el viejo arte del tiro de media y que James Harden es capaz de cargar a cualquier equipo, fintar una penetración y lanzar el balón para que Anthony Davis lo embuta en el aro y nadie se interpondrá.

Luego, traer a Faried y a Davis para aprovechar que no habría goaltending ofensivo si ellos remataban balones sobre el aro. Y a practicar la defensa perimetral porque el pánico era que los escuadrones europeos con centros que tiran triples los apabullaran (especial temor contra Lituania, a los que dejaron en, escuchen esto: ¡2 de 18 en triples!), pudo ocurrir y lo saben.

Pero este Mundial, cuando lograban ventaja de doble dígito comenzaban a presionar desde la salida de su rival en la otra cancha. Forma de hacer que tiraran con pocos segundos en el reloj.

Cuántas veces le dijo el Coach K a estos jóvenes (la selección americana más joven desde 1992) que no debían dar ningún respiro a sus rivales, que si los dejaban levantarse éstos no tendrían piedad. Como el domingo, en el partido por la medalla de oro, cuando los serbios encabezaban 12-5. Un tiempo fuera después, un fuerte regaño de la leyenda de Duke metió en cintura a los chicos gringos, finalizaron 35-21 el cuarto y bye bye.

Formamos parte del "resto del mundo" y creo que es oficialmente el momento de ponernos a temblar.