El resto de América a examen

El resumen de la Copa Mundial trajo un importante mensaje para el básquet americano (sin incluir al campeón Estados Unidos, ni a México, del que ya hemos hablado abundantemente): renuévense o sufran las consecuencias.

Solo un equipo de este continente pasó a la fase de cuartos de Final, fue Brasil y cayó 84-56 ante Serbia. Lo que ocurrió en España fue como un referéndum de una década y cómo las condiciones de la competencia cambiaron súbitamente, a grado tal que quizá ya no deba considerarse una potencia a ninguno de los otrora titanes sudamericanos y que éstos tendrán que tomarse más en serio los importantes legados que defienden.

El caso boricua

Los mismos medios estadunidenses se sorprendían cuando quedó eliminado Puerto Rico en la fase de grupos. Sobre cómo su estilo, antes fresco y vertiginoso (el que los hizo despertar a la revolución que estaba tomando forma allende a sus fronteras) fue neutralizado por rivales que sabían lo que enfrentarían y ellos no fueron capaces de cambiar un poco el script. Y caer ante Senegal los dejó fuera siquiera de la fase de Octavos.

Y es que a esa selección la sostuvo José Juan Barea el armador reserva de los Timberwolves de Minnesota, durante los torneos previos, que servían de preparación para el Mundial, y el plan de que Carlos Arroyo, Renaldo Balkman y Danny Santiago (o lo que queda de él) se reunieran hasta el último les explotó en la cara.

Pues ahora comprendemos que los lanzaron a experimentar en pleno torneo y el equipo no estaba compenetrado, y así el talento que han exhibido los boricuas para el juego de transición quedó soterrado por el rival, que ya había visto muchas veces en video esos famosos triples repentinos de Arroyo y Barea.

Dominicana

De República Dominicana se puede decir que están en ascenso, sin Al Horford (quien al parecer sí estará en 2015, en el PreOlímpico de Monterrey), lograron llegar a Octavos y dejaron un buen sabor de boca; de que lo mejor está por venir, el termómetro podría ser la llegada de más talento dominicano a la NBA y ligas mundiales.

El caso clínico

El caso de Brasil es para clínica psiquiátrica. Solo cuatro jugadores de los que acudieron al PreMundial de Caracas participaron en el Mundial. A Venezuela fueron sin Leandro Barbosa, Anderson Varejao, Nené Hilario y Tiago Splitter, tuvieron que comprar su boleto de Comodín, donde ya apareció su poderoso escuadrón, solo que sin esas horas de vuelo tan necesarias no pudieron desplegar el poderío que tenían con ese cuadro alto y aun teniendo de coach a Rubén Magnano, quien guió al oro olímpico a Argentina en 2004, se retiraron con otra decepción.

Aun así, su debacle pudo deberse al tercer cuarto de su encuentro de cuartos de final contra Serbia, en que permitieron 29 y anotaron 12 y luego automáticamente bajaron las manos ante la furia posterior de Marcelo Huertas, su mejor jugador en el torneo, y el más conectado. Una debacle que debe poner a pensar a los federativos brasileños muy seriamente.

Ahora Brasil se va con otra decepción deportiva (y con lo que les duelen ésas) y tendrá que reorganizarse para pelear con todo en los Olímpicos de su propio país a los que calificó por ser el país anfitrión, no por su genialidad.

Y el caso argentino

Pero si las situaciones de estas selecciones se debieron a errores en la planeación, a cambios de coaches, por ejemplo, en Puerto Rico, donde el español Paco Olmos asumió la ordenanza del seleccionado y no pudo tener al plantel definitivo a tiempo para trabajarlo, parece que aunque Carlos Arroyo y Danny Santiago (o lo que queda de él) ya van de salida, una nueva camada viene fuerte detrás para sustituirlos y seguir adelante con el proyecto.

En estos conjuntos parece ser así, solo es cuestión de tiempo para que esa nueva generación se asiente, hay talento para poco a poco restablecer la identidad de los equipos y seguir. Pero no parece ser el caso de Argentina. Ahí sí parece que la llamada Generación Dorada terminó y la inspiración de uno de los estilos más metódicos y depurados del baloncesto se está yendo con ella.

No solo el hecho de que no pudieron contar con su general, Manu Ginóbili, ya en este evento los albicelestes están viviendo el proceso de renovación, pero a todas luces tendrán que intentarlo con más ahínco, pues cuando el segundo mejor anotador (después de Luis Scola), es Pablo Prigioni de 37 años de edad y cuyo estilo no se caracterizó nunca por ser el de un encestador, hay serios problemas.

El consuelo para los fans entusiastas es que con Manu pudo haber sido otra cosa, porque el bahiense es un agente de cambio ahí donde se para y en esta versión de la selección de los argentinos se sintió el hueco que estaba ahí para el legendario jugador, además de que Carlos Delfino les hubiera ayudado mucho.

Si ellos sufrieron de problemas en su federación, tales que estuvieron a punto de echar por la borda su asistencia a España, la confirmación de que deben reverdecer laureles es devastadora para ellos después de los resultados de España.

Hace unos años Leo Gutiérrez, mencionaba que era necesario comenzar a renovar el plantel. Mencionó a varios jóvenes con talento vasto y la disposición para asistir a defender su jersey. Eso fue hace cuatro años, cuando Argentina todavía sembraba inquietud en el resto de los participantes.

Lo curioso del caso es que mientras Scola quiera participar y sea líder anotador de los torneos, los sudamericanos estarán en el mapa, y mientras los veteranos accedan a venir a defender sus colores destacarán, exprimiendo hasta la última gota que les queda. Argentina tiene que olvidarse un rato del pasado y encontrar una nueva Generación Dorada.

¿Y quién podrá venir?

Y la pregunta es ¿por cuánto tiempo más Scola vendrá a socorrerlos, arriesgando en cada viaje su futuro en la NBA? Ese es otro factor, que en determinado momento muchos jugadores faltarán porque sus equipos no les darán permiso, en la liga estadunidense está muy fuerte un movimiento para limitar los derechos de los jugadores a participar en otros lugares que no sean las arenas de la NBA. Los nuevos contratos ya incluyen esa cláusula.

Y es que hay una realidad terrible en el caso de Argentina, quien disputó los mejores lugares del mundo, y ahora debe iniciar un doloroso proceso de renovación, tendrá que comenzar a olvidar las hermosas estampas que recuerda de Manu y compañía e iniciar la edificación de un proyecto en el que la presencia de los veteranos sea, si a caso, la de mentores.

Pero ahí no acaban los problemas de los equipos no solo de América, sino de los otros continentes, lo que se notó en este Mundial, es que muy pronto las reglas que permiten que el mejor talento nacional se una en las selecciones nacionales, cambiará, pues las ligas profesionales que los albergan se verán más decididas a cuidar su inversión. Es la razón por la que Manu no pudo ir a auxiliar a los suyos y Tony Parker, de la selección de Francia, también se quedó con las ganas.

Si alguna enseñanza dejó el Mundial de España, en que prácticamente ninguno de los equipos tuvo el mejor plantel posible, fue la dolorosa verdad para los equipos latino americanos de que el tiempo en su reloj corre y tendrán que hacer importantes modificaciones para volver a los primeros planos.