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Nunca caminarás solo

El miércoles Josep Guardiola fue testigo en la fortaleza de Anfield que los ‘Rojos’ nunca caminan solos, en los cuartos de final de la Champions League.

Aún existen estadios que pesan, campos sagrados en donde todo el dinero inyectado desde Medio Oriente no parece importar. En esta edición de la Liga de Campeones hemos sido testigos de cómo las fortalezas de Anfield y el Santiago Bernabéu han prevalecido ante el millonario financiamiento proveniente de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.

Las millonarias inversiones tanto en el rectángulo de juego con los fichajes de Neymar y Mbappé, como en el banquillo con Josep Guardiola, se han topado con pared en las noches de la Champions celebradas en la capital madrileña y el puerto inglés.

La Orejona es un torneo diferente, una copa que al enfrentar a la élite europea requiere mucho más que dinero para ganarla.

El Liverpool la ha ganado cinco veces con un milagro en Estambul incluido; a pesar de haber sido adquirido por un propietario norteamericano, los Rojos no han perdido la identidad que les ha hecho un equipo entrañable en toda Europa.

Su afición nunca ha dejado al equipo caminar solo, tal como la canción de Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, que los scousers (habitantes de Liverpool) adoptaron como himno del equipo.

Anfield, su estadio, es uno de esos campos cuyas tribunas están lo suficientemente cerca de la cancha para recordarle a los millonarios estrellas rivales que aún son terrenales y que en el puerto vienen a una pelea, en la cual el local se va a crecer conforme a lo complicado del reto.

Anfield tendrá otra expansión pronto para alcanzar una capacidad para 60 mil aficionados; la más reciente obra en la tribuna principal del inmueble aumentó 8 mil 500 lugares para rebasar la cifra de 50 mil butacas.

El grupo Fenway, los propietarios norteamericanos del Liverpool y los Medias Rojas de Boston, han sabido conservar la tradición de sus estadios con expansiones y concesiones graduales, esto sin cambiar sus icónicas estructuras.

Por ello el parque Fenway y Anfield son tan importantes en sus ciudades, que se han convertido en destinos turísticos dentro de las mismas. Este grupo encabezado por John W. Henry y Tom Werner ha respetado el romanticismo de sus legendarios estadios, sin perder ingresos provenientes de venta de esquilmos y mercancía oficial dentro de los mismos.

Los dirigidos por Jürgen Klopp han permanecido en la élite, a pesar de los recientes traspasos de figuras del calibre de Luis Suárez y Philippe Coutinho; probablemente sea debido a que en Anfield el equipo juega con 12 y tal como su melódico canto de guerra indica: “Nunca camina solo”.

El Liverpool es un equipo que se sobrepuso no a una, sino a dos tragedias en Heysel y Hillsborough. Los habitantes de la ciudad de mi alma mater y su equipo resisten todo, desde severas crisis económicas derivadas de la reducción en el comercio marítimo, hasta los embates financiados desde Medio Oriente en la Premier y desde Barcelona para fichar a sus estrellas.

Por Anfield han pasado Kenny Dalglish, Ian Rush, John Barnes, el joven maravilla Michael Owen, Steven Gerrard, Xabi Alonso, Javier Mascherano, el Karate Kid Steve McManaman, Luis Suárez, Philippe Coutinho, entre otras grandes estrellas del futbol mundial.

Anfield tiene un pasto sagrado, en donde los Rojos nunca caminan solos y el miércoles vencieron de forma contundente a las petrolibras inyectadas desde Medio Oriente para el proyecto que Josep Guardiola pretende hacer parte de la élite europea.