Otra Óptica

Selección itinerante

El Tricolor se convirtió en solo una opción más de ocio y entretenimiento en la CdMx por muchas razones.

Los habitantes de la Ciudad de México gozamos de gran cantidad de opciones de ocio y entretenimiento en la misma. La enorme oferta hace complicado el lograr grandes taquillas y la selección mexicana es el más reciente ejemplo de ello.

América agota el boletaje como visitante, pero no en casa (sin considerar Liguilla y los clásicos). Pumas tampoco suele llenar Ciudad Universitaria y menos con la crisis deportiva que atraviesa, sumido en el fondo de la tabla.

Ya no hablemos de Cruz Azul, al cual un estadio para 33 mil espectadores suele también quedarle grande.

Desde su regreso al estadio Azteca después de la más reciente etapa itinerante, los partidos del Tricolor se habían convertido en el evento futbolístico obligatorio para los amantes de este deporte y para los villamelones que con su entusiasmo contribuían al lleno total del Coloso de Santa Úrsula.

El partido ante Panamá evidenció que esa luna de miel se acabó. Resulta aun más extraño con un renovado Azteca.

Me pregunto si la federación, con el enorme presupuesto que tiene, ha realizado o tiene pensado hacer una investigación de mercados para entender las razones que hoy llevan a la Verde a San Luis Potosí.

Hay múltiples posibilidades: el tráfico de la Ciudad de México, las constantes lluvias, los rivales o la tranquila clasificación. Así como otras más preocupantes, entre ellas la pérdida de conexión del Tricolor con la afición, derivada de un entrenador y futbolistas con los que la tribuna no se
identifica.

También debemos considerar la evidente pérdida de nivel competitivo de la Liga Mx y la regla 9/9 como posibles causas.

Es probable que el menor interés en asistir a los partidos de la selección sea producto de todas las anteriores. De ser así, la solución es aun más complicada y la Femexfut toma una decisión pragmática en volver al Tricolor itinerante de nuevo.

La medida es estratégica y económica. Puede que se deba a un esfuerzo por volver a generar el mismo efecto de escasez de la anterior etapa itinerante.

Otros argumentos serían la taquilla, la solicitud de patrocinadores de ver un estadio lleno y/o el poco atractivo del partido.

Entre los amistosos en suelo norteamericano y juegos de clasificación en sedes itinerantes, los partidos del Tricolor se parecen cada día más al juego del Supertazón de la NFL o las carreras de Fórmula 1, modelos en donde distintas ciudades compiten para llevar estos espectáculos a sus estadios, debido a la derrama económica que se genera.

La concentración de opciones de ocio y entretenimiento en la Ciudad de México juega a favor de la federación, ya que la estrategia itinerante seguramente será un éxito de taquilla en todas las sedes donde se decida llevar a la selección.

En ciudades sin tanta oferta deportiva o musical, el Tricolor generará gran expectativa, interés y muy probablemente agote las entradas.

El pragmatismo de la decisión garantiza que los objetivos económicos de taquilla se sigan cumpliendo; sin embargo, vale la pena reflexionar sobre la pérdida de identidad del equipo con su afición y su icónica sede.

A mediano y largo plazo, la falta de conexión con la tribuna puede repercutir en la audiencia para las televisoras ganadoras del nuevo contrato y en la otra gran fuente de ingresos para el Tricolor: patrocinios.