Otra Óptica

Impacto económico de la Liga de Campeones


El impacto económico de la Liga de Campeones debe calcularse no solo por las entradas vendidas para los partidos, también debe considerarse la derrama económica en las ciudades de los equipos que la disputan.

Infinidad de aficionados se desplazan para apoyar a su equipo favorito en toda Europa y la actividad económica que eso conlleva es importante.

Hoteles, restaurantes, transportistas y otro sinfín de prestadores de servicios se ven beneficiados con el flujo de fanáticos de otras latitudes del continente europeo.

Si bien es cierto que hay ciudades turísticas por excelencia (Barcelona, Londres, Madrid, Roma, París, etc.), también es cierto que otras sedes como Mónaco o Grecia se aprovechan como destinos de sol en pleno otoño–invierno.

La posible sanción al PSG por el Fair Play financiero, que expliqué en una de mis columnas anteriores, no solo debe preocupar al club, sino a toda la capital parisina.

París, uno de los destinos turísticos por excelencia, se vería impactado por la fortuna que Qatar Sports Investments ha invertido en fichajes este verano.

Irónicamente, esta inversión era destinada para conseguir La Orejona y no para ganar una Liga en la que parece van a arrasar. Los primeros cinco partidos así lo indican.

Con la compleja situación geopolítica que atraviesa la Unión Europea tras el Brexit y la consulta catalana prevista para el 1 de octubre, la Champions es vital para un equipo como el azulgrana.

En la columna Dónde jugaría el Barça, les adelantaba el debate que Javier Tebas reactivó la semana pasada sobre la Liga que disputaría el equipo culé.

Ofertas no le van a faltar a los azulgrana, la Liga francesa, con el Mónaco como precedente, se antoja como la más probable. Sin embargo, no hay que descartar la Premier, donde el Swansea Galés pelea a la mitad de la tabla.

En la Premier, el Barça seguramente ingresaría más por TV que ningún otro equipo y la afición rival se desplazaría cada semana a la Ciudad Condal para tomar un poco de sol con el pretexto de seguir a su equipo tanto en Liga como en Copa.

Si bien Barcelona ya es una de las ciudades más visitadas del mundo, con un cambio de Liga y el correspondiente éxodo de aficionados desde la isla británica hacia Cataluña, sería casi imposible conseguir una habitación de hotel.

Tal como sucede cuando el Congreso Mundial Móvil (MWC) se celebra cada año en el recinto Fira de Barcelona.

El futbol y sus clubes están inmersos en la globalización, tal como sucede con todas las empresas y productos.

Por ello, hoy empezamos a ver señales de lo que hace unos años parecía impensable:

Que clubes y selecciones elijan en qué Liga o Confederación quieren competir.

Australia, el Mónaco o el Swansea son ejemplos de esto.

Debido a estos indicios, no me extrañaría ver que después del Mundial 2026 los torneos relámpago de Estados Unidos se vuelvan una especie de Orejona.

A pesar de su actual presidente, los Estados Unidos de América siguen siendo la primera economía mundial y tal como sucede con la fuga de cerebros, si los americanos pueden importar los mejores productos (clubes) del mundo a su territorio; lo van a hacer tarde o temprano, de una forma u otra y con ello generando un impacto económico masivo.

twitter@jaimerascon