Otra Óptica

La generación perdida

La Masía parece haber hecho una pausa en su producción de futbolistas de élite, y eso se vio reflejado ayer en el partido de vuelta de la Supercopa.

El análisis de un 5-1 global no solo debe ir dirigido a lo que sucedió en la cancha, sino también a lo que pudo haber propiciado tal resultado en lo que se hizo fuera del rectángulo de juego.

En lo personal me llamó poderosamente la atención el recambio generacional que ha hecho el Real Madrid y el que no ha podido hacer el Barça. No hace muchos años, La Masía (cantera del FC Barcelona) se veía como la referencia mundial en la formación de futbolistas profesionales.

Sin embargo, el resultado de ayer demostró que el Barcelona tiene una generación perdida. Es poco realista esperar que un equipo tenga una generación exitosa tras otra; no obstante, el FC Barcelona nos había acostumbrado a ello:

A Luis Milla le siguieron Guillermo Amor y Josep Guardiola, quien hasta venir a Dorados en México con previa escala en Italia y Qatar, nunca cedió su lugar a mi favorito: Iván de la Peña.

Solo Bobby Robson se atrevió a alinear en el mismo once al pequeño Buda y a Pep en una temporada de ensueño después de la cual Louis van Gaal y su rigidez llevaron a Lo Pelat al PSG de esa época: La otrora millonaria Lazio.

La estafeta de Pep la tomó Xavi Hernández, para quien las críticas iniciales se terminaron convirtiendo en admiración global al arte que desplegaba en la cancha. Al ‘6’ le apareció un socio para la poesía de su futbol, el cual hizo campeón del mundo a España con llegada y gol: Andrés Iniesta.

Así como Robson puso juntos a Guardiola y De la Peña detrás de Ronaldo, a Pep no le tembló el pulso para poner a dos artistas detrás de Messi.

Casi en la misma camada, otro ‘4’ no pudo encontrar su sitio en el once y como De la Peña, Arteta se tuvo que marchar a Liverpool para ser figura en el Everton.

No es casualidad que Mikel Arteta hoy funja como auxiliar en el Manchester City de Guardiola, ya que entiende perfectamente la filosofía de Pep y conoce a fondo la Premier (además de entender perfectamente el Scouse, la entonación tan particular de hablar el inglés en el puerto de Liverpool; ciudad vecina de Manchester).

A Iniesta y Arteta les sucedería Cesc, quien también regresó a Londres ante la falta de oportunidades, porque no cabían todos los famosos jugones.

A Fábregas los seguiría Busquets y a Sergi, el otro Sergi: Roberto. Así sucesivamente, uno tras otro, parecía que La Masía producía futbolistas extraordinarios en serie. Su especialidad era el mediocampista de posesión que también aportaba recuperación, llegada y un exquisito trato de balón: el ‘4’ que inmortalizo Guardiola.

Un futbolista que manipula a su antojo la posesión de balón controlando los tiempos del partido y permitiendo transiciones ofensivas y defensivas más ordenadas y estructuradas. Sin embargo, La Masía también desarrollaría talentos defensivos como Puyol, Pique, Jordi Alba, Marc Bartra, Pepe Reina, Víctor Valdés, Montoya, etc.

No hay que olvidar que también ahí se formaron los hermanos Dos Santos, quienes aun con su temprano retiro hacia tierras de Trump, todavía son clave en el Tricolor.

Y sobre todo la joya de la corona y el futbolista que cambió la historia del Barça: Lionel Messi. En ese sentido, también se volvió una costumbre que el siguiente crack mundial presentara su futbol ante el mundo vestido de blaugrana:

Esa larga lista de cracks que saltaron a la fama mundial desde el Camp Nou incluye a Maradona, Ronaldo, Romario, Rivaldo, Ronaldinho, Messi, Neymar y Luis Suárez, entre otros.

Desde el tan cuestionado fichaje de Neymar por parte de Sandro Rosell, solo ha llegado el goleador uruguayo; además el brasileño ya se marchó.

Messi es un fenómeno y ha ganado muchos partidos clave gracias a su calidad; sin embargo, el resultado de ayer demuestra que para volver a ganar todo, el ejército no armado de Cataluña necesita volver a producir futbolistas de ese calibre o al menos ficharlos. Si la inflación del futbol es irreal, para eso está La Masía, por lo que el Barça haría bien en descartar ya a su generación perdida y volver a encender la fábrica.

El dato

Un costo estimado de la formación de Messi desde su llegada al club en 2000 hasta su debut en 2003, pudiera alcanzar los 250 mil euros.