Otra Óptica

Favor con favor se paga

El martes pasado, nuestro Tricolor se olvidó de pagarle al soccer el favor que recibió hace cuatro años de la selección de las Barras y las Estrellas.

Hace cuatro años, el combinado norteamericano venció 3-2 a Panamá a domicilio y con ello hizo el milagro que necesitaba la selección mexicana para disputar el repechaje después de perder en Costa Rica.

Se supone que favor con favor se paga; sin embargo, después de tantos ataques del hombre naranja hacia nuestro país, a muchos mexicanos no nos dolió la derrota en Honduras y con ella la carambola que dejó fuera de Rusia 2018 al equipo de las Barras y las Estrellas.

El futbol suele ser el deporte preferido en la mayoría de países del planeta, excepto en aquellas colonias del antiguo imperio británico, como Canadá, India, Australia y Estados Unidos de América.

En Canadá, el hockey es el deporte más seguido, en India el cricket y en Australia el rugby. Nuestros vecinos al norte decidieron crear sus propias versiones del cricket con el beisbol y del rugby con el futbol americano.

Su romance con el soccer empezó desde su Mundial en 1994 y la luna de miel con el mismo se prolongó hasta este 2017.

Producto de ese romance surgió una Liga que ha tenido un crecimiento sostenido y una marca en Nike que se apoderó de la fabricación y patrocinio de los principales uniformes del panorama futbolístico internacional.

Sin embargo, el éxito de la MLS y su cada vez mejor nivel competitivo no se vieron reflejados en este proceso mundialista para su representativo nacional.

Con el más reciente ejemplo de la MLS y el colapso en Trinidad y Tobago es interesante observar cómo el nivel competitivo de una Liga no necesariamente tiene correlación con el de la selección nacional del país en cuestión.

Los representativos nacionales de tres de las seis Ligas más fuertes del mundo son un claro ejemplo: Italia disputará la repesca, en épocas recientes Inglaterra solo pudo llegar a semifinales en Mundial (1990) o Eurocopa (1996) en la década de los 90 y la Naranja Mecánica se quedó fuera de Rusia; esto a pesar de tener una Liga con equipos como el Ajax, que solía funcionar como una de las canteras más productivas del continente europeo.

España, con un certamen donde juegan dos de los tres equipos más potentes del mundo, solo pudo romper la barrera de cuartos en Sudáfrica y tuvo una participación para el olvido en 2014. (Que tanto mérito del campeonato en Sudáfrica es de Josep Guardiola y los jugones del Barça siempre será un buen debate futbolístico).

También en Sudáfrica, la actuación de los franceses no correspondió al nivel de su Ligue 1, mientras que en Brasil mejoraron un poco al alcanzar los cuartos de final.

Solo Alemania, siempre Alemania, parece tener una correlación entre el nivel de la Bundesliga y Die Mannschaft.

Al final como decía Gary Lineker: el futbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once y siempre gana Alemania.

En nuestro país resulta extraño que el Tricolor califique tranquilamente en el ciclo mundialista en el que más extranjeros pueden jugar en la Liga Mx, debido a la regla 9/9 y antes la 10/8. (Es posible que el efecto de estas medidas lo veamos hasta el siguiente ciclo hacia Qatar 2022).

Es posible que una pausa no sea mala para el soccer, que ha tenido más de dos décadas de evolución y crecimiento constantes.

El análisis de quedar fuera de la justa mundialista podría beneficiarle a largo plazo, si es que se corrigen áreas de oportunidad: como la contradicción que prevalece entre el soccer y el tradicional modelo deportivo escolar-universitario de norteamérica.

Existe una diferencia importante entre el soccer y el futbol americano, beisbol, baloncesto y otros deportes, cuyo modelo escolar-universitario promueve la práctica del deporte en conjunto con el estudio y la posibilidad de acceder a una beca.

En cambio, en el soccer, en lugar de recibir una beca un joven talento puede estar pagando hasta 10 mil USD al año para competir en un equipo juvenil de nivel competitivo superior al de su preparatoria.

El análisis de este proceso mundialista fallido y las áreas de oportunidad que se corrijan no serán motivo de ocho columnas; sin embargo, si influirán en el futuro del soccer en tierras norteamericanas.

No hubo reciprocidad entre México y Estados Unidos, ni quid pro quo. Por ello, el presidente de la Federación Norteamericana de Futbol, Sunil Gulati, quién enfrenta competencia por primera vez en su camino a la reelección dentro de cuatro meses, no debe estar nada contento con el favor que el Tricolor no le regresó cuatro años después.