Otra Óptica

Un gigante dormido

Los nuevos estadios de futbol están teniendo problemas para generar la atmósfera que sus predecesores. El Metropolitano no genera una milésima parte del ambiente del Vicente Calderón para un Atlético que extraña esa ventaja que aunque intangible es evidente.

En nuestro país, en la gran Final del domingo; el Gigante de Acero se quedó dormido. Entiendo que la falla del penal por parte de Avilés Hurtado a diez minutos del final fue un balde de agua fría del que no cualquier afición se repone. La rayada sí podría haberlo hecho.

Ahí es cuando el Gigante de Acero pudo erguirse como el nuevo coloso de la Liga Mx y alentar más fuerte que nunca. En ese histórico e inédito derbi finalista, en esa situación, con todo en contra, me parece que faltó alguien o algo que detonara el apoyo al superlíder. Aunque la pelota no quisiera entrar, la gran temporada que hizo  Rayados y el segundo tiempo en donde se les fueron encima a sus vecinos felinos merecía otro final. Un desenlace distinto tanto en el marcador como en la reacción ante el penal fallado y eventualmente también ante la derrota.

Como ejemplo, ahí esta la mítica remontada del Liverpool a un 3-0 en la Final de la Champions de Estambul. Donde la gente del Liverpool no dejó de cantar el “Nunca caminarás solo”, y los Reds, motivados por ese himno y liderados por su capitán, el nativo del puerto y Scouse Steven Gerrard, no dejaron de pelear hasta hacerse con La Orejona en la serie de penales.

Esas reacciones en el futbol son orgánicas y no se puede culpar a nadie por la falta de la misma el domingo, solo se puede decir que aunque la federación multe, el sonido local o cualquier otro detonante por parte de una cabeza fría tiene que darse; para poder terminar una Final de este calibre con un estadio a pie de guerra y que el rival lo sienta.

Hay que reconocer también la experiencia y el colmillo de los futbolistas de Tigres, quienes se comieron los últimos minutos y la compensación con ese característico oficio del futbolista sudamericano.

A los diseñadores y desarrolladores de muchos nuevos estadios les ha faltado incorporar y escuchar a la afición en sus planes. Contrario al beisbol, donde los nuevos recintos tratan de incorporar el romanticismo del pasado (como en el caso de los Gigantes de San Francisco), en el futbol el enfoque se ha centrado solo en construir edificios multifuncionales con actividad comercial los siete días de la semana.

Aplaudo esa visión de generar ingresos en días distintos a los de partido; sin embargo, me cuestiono si los arquitectos y desarrolladores se detienen a pensar en algún momento en cómo hacer que esas canchas sigan pesando. En como darle a la afición esa cuota de aventura que se pierde un poco con la comodidad de los nuevos accesos, de los asientos y con el espacio entre ellos.

Dos ejemplos de cómo mantener la esencia sin sacrificar ingresos los podemos encontrar en Manchester y Wisconsin. Los Diablos Rojos y los Empacadores de Green Bay han encontrado la fórmula para remodelar el Teatro de los Sueños y el Campo Lambeau sin que estos dos iconos del deporte pierdan atractivo o ambiente. Por ello, estos dos estadios figuran en la lista de gran cantidad de aficionados al deporte (no solo a estos equipos) como destinos turísticos y/o visitas obligatorias a pesar de la resistencia de sus parejas.

Miguel Ángel Garza recién indicó que Tigres no construirá un nuevo recinto, sino que lo más probable es una renovación al estadio Universitario. Con base en lo escrito, me parece una decisión acertada y aunque los felinos tienen toda la materia prima por el respaldo de la cementera, toman una decisión en la que no perderán lo intimidante que resulta el Volcán.

En la vorágine comercial que vive el deporte aún quedan ejemplos como estos, y otros tantos como Anfield, La Bombonera de Boca y Fenway Park.

Recintos que necesitan remodelaciones con un balance difícil de lograr. Esa fórmula perfecta de los Diablos Rojos. En la cual se respeta la historia y tradición, pero también se acomodan los crecientes intereses comerciales de clubes y patrocinadores.

He aplaudido en múltiples ocasiones la renovación que lideró Yon de Luisa en el estadio Azteca. Sin detener la actividad futbolística, el Coloso de Santa Úrsula hoy tiene más zonas premium que empatan tradición con comodidad y acceso. Televisa y Emilio Azcárraga Jean tienen planes para desarrollar una zona comercial en los alrededores del mismo, la cual estará conectada al estadio en un proyecto inmobiliario, deportivo y de ocio/entretenimiento muy interesante. La casa del América, del Tricolor, de la NFL, diversos eventos musicales y próximamente del Cruz Azul entrará de lleno a un modelo de negocio todavía más rentable.

Como decía la semana pasada, el negocio del deporte tiene un componente básico: la pasión de los aficionados y la lealtad hacia una idea, colores, ciudad o manera de pensar. Cuando eso no se considera o se pierde por ambición comercial, sin tan siquiera darse cuenta, se está matando a la gallina de los huevos de oro.