Otra Óptica

El asterisco de los Patriotas

A pesar de que Nueva Inglaterra está cerca de conseguir su quinto título en la NFL, en los últimos años ha sido protagonista de varios escándalos.

Si los Patriotas ganan el Super Bowl, impondrán varios récords.

Tom Brady será el mariscal de campo con más anillos de Súper Tazón y Nueva Inglaterra se unirá a Dallas y San Francisco con cinco títulos, solo uno detrás de los Acereros de Pittsburgh.

El dominio de los Patriotas resulta extraño en una Liga que tiene mecanismos para garantizar la igualdad entre los equipos. Entre ellos encontramos el tope salarial y el orden de las selecciones en el reclutamiento colegial.

Estos funcionan y podemos citar algunos ejemplos: Las dos primeras selecciones del reclutamiento colegial en 2011 fueron para Carolina y Denver, equipos que tuvieron el peor récord en la campaña previa.

Tan solo cinco temporadas después, estos mismos equipos disputaron el Super Bowl 50 en San Francisco, el año pasado.

Hace apenas dos reclutamientos, los Halcones de Atlanta, rival de los Patriotas, seleccionaron en la octava posición de cada ronda.

Esto les permitió seleccionar a Vic Beasley (linebacker) y Tevin Coleman (corredor), entre otros jugadores clave, para convertirse en los campeones de la Conferencia Nacional esta temporada.

Un equipo que ejemplifica el impacto del tope salarial son los Santos de Nueva Orleans. El contrato faraónico de su mariscal de campo, Drew Brees, ha limitado el dinero disponible para mantener a estrellas complementarias, como el ala cerrada Jimmy Graham.

La consecuencia de esto ha sido una ofensiva espectacular liderada por Brees, pero una defensiva mediocre, que ha dejado a los Santos fuera de la postemporada desde 2013.

Sin embargo, los Patriotas están en el Súper Tazón o al menos en el Juego de Campeonato de la Conferencia Americana cada temporada.

Desde Lance Armstrong y Barry Bonds no creo en los iluminados, y por ellos me refiero a aquellas estrellas cuyos resultados son superiores a los de sus compañeros de profesión, hasta el punto de levantar sospecha.

Y en el caso de los Patriotas, no son solo sospechas.

Hay una lista de múltiples incidentes en los que el equipo de Nueva Inglaterra se ha visto inmiscuido con su filosofía de ganar a toda costa (ver lista).

Las sanciones impuestas al equipo han ido desde selecciones colegiales hasta económicas; sin embargo, no han llegado al grado de poner un asterisco junto a los Súper Tazones ganados, como en los casos de Barry Bonds y Mark McGwire. O de quitárselos, como en el caso de Lance Armstrong.

Y cuestiones sin comprobar hay otras: la reciente alarma contra incendios en plena madrugada en el hotel de los Acereros entre ellas, o Peyton Manning, quien extremaba precauciones ante el posible espionaje cuando enfrentaba a los Patriotas.

En lo personal me parece muy extraña la decisión de no tomar tiempo fuera antes de la intercepción de Malcolm Butler a Russell Wilson en los últimos segundos del Súper Tazón 49.

Habiendo estado del lado directivo, no solo entiendo las decisiones del comisionado de la NFL, Roger Goodell, en los castigos a los Patriotas; también las aplaudo.

Por ello el título de esta columna es Otra Óptica.

Los temas que ha enfrentado Goodell no han sido fáciles y me parece que el tiempo le dará la razón en defender la integridad de este deporte ante las trampas, abusos y escándalos.

Tal como sucedió con aquellos que levantaron la voz muchos años antes que Lance Armstrong finalmente aceptara su dopaje.


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