Otra Óptica

Arrogancia y desprecio

Despreciar el torneo de nuestra Confederación demuestra una arrogancia que pudiera afectar nuestra competitividad de cara al Mundial Rusia 2018.

Hoy empieza el máximo certamen futbolístico de nuestra región, en el que cada dos años la selección mexicana debe enfrentarse a los países miembros de su Confederación por la Copa Oro.

Despreciar la Copa de Oro no hace que el futbol mexicano mejore, todo lo contrario. Veamos el ejemplo de Alemania en la Copa Confederaciones en Rusia. Independientemente de los jugadores que fueron convocados, los teutones salieron a ganar cada partido y, por ende, se terminaron quedando con la Copa. Despreciar el competir en Concacaf tampoco sirve de nada. Solo conozco dos naciones que compiten en otra confederación a la de su zona geográfica: Australia e Israel.

El primero decidió hacerlo así por enfrentarse a rivales más potentes, asumiendo el riesgo de quedar fuera de mundiales. Israel lo hizo por razones geopolíticas.

Aunque a un sector le gustaría hacer un cambio a Conmebol o cruzar el Atlántico a la UEFA, hay que reconocer que la Concacaf ha permitido a México calificarse de forma continua a mundiales.

Eso ha beneficiado al futbol mexicano en general, ya que ha contribuido a mantener e incrementar el interés por el deporte en nuestro país por parte de aficionados, patrocinadores, televisoras, etc. Ya México salió de la Copa Libertadores, sería un error seguir dejando de competir o menospreciar torneos internacionales de clubes o selecciones.

Los torneos internacionales, el que sea, permiten al futbolista enfrentarse a otras condiciones a las que prevalecen en su país.

Se pueden nombrar muchos elementos distintos: desde el clima, la comida, el idioma, hasta características físicas distintas como velocidad, potencia, estatura, etcétera.

Cada año se dice que la Copa de Oro es el pase a la Copa Confederaciones, como si ese fuera el único motivo para disputarla.

Sin embargo, la Copa de Oro es un torneo bien organizado y, a pesar de no tener potencias futbolísticas disputándolo, es una competencia que se debe tomar en serio por las razones mencionadas.

Para los futbolistas que la jugaran, también representa la oportunidad de reclamar un puesto en la selección mexicana.

El reciente caso del portero Marc-André Ter Stegen con Alemania sirve como ejemplo.

Con su actuación en Rusia, el guardameta del FC Barcelona le puede haber ganado el puesto al lesionado Manuel Neuer.

México jugará la Copa con su equipo B. Como si nuestra selección tuviera el fondo de armario de la Alemania de Ter Stegen.

Probablemente así sea mejor, ya que si los jugadores que disputaron la Copa Confederaciones han tenido el roce internacional suficiente para alcanzar su máximo potencial.

Ya sabemos cual es ese límite y por lo tanto, vale la pena darle la alternativa a otro grupo de futbolistas de cara a ganarse un puesto para el Mundial de Rusia el próximo año.

La Copa de Oro se ha establecido ya como un torneo serio.

No es fácil realizar un evento regional cada dos años, pero la extraordinaria infraestructura deportiva de Estados Unidos y la colaboración de la MLS y SUM, lo hacen parecer sencillo.

La Copa Oro empieza este viernes en 13 ciudades y 14 estadios distribuidos por toda la Unión Americana, auspiciada por once patrocinadores y disputada por 12 selecciones.

Sería un error no tenerla en cuenta como un ensayo serio hacia la Copa del Mundo del 2018 por afición, técnico y jugadores.

La Copa Confederaciones nos confirmo el plantel que México tiene, por lo que sería arrogante descartar la oportunidad de observar jugadores que puedan aumentar las posibilidades de éxito para nuestra selección en Rusia 2018.

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