Juego de poeta

La mano de Mejía Barón

Al término del torneo anterior, Tigres fracasó. No clasificó a la Liguilla y su hinchada pidió la destitución de Ricardo Ferretti en la dirección técnica del equipo.

Pero Ferretti lanzó una promesa: “Voy a cambiar”. Una promesa poco creíble para un entrenador que ha conocido el éxito bajo sólo un esquema. Con la clásica formación de 1-4-4-1-1. Con un estilo de juego horizontal, poco vertical. Con la idea central de poseer el balón. Sin importar cuántas veces se le pasee. En su parado táctico, los volantes en amplitud son los invitados a encarar a los laterales para llegar a línea de fondo y sacar la diagonal mortal para los rematadores, para los 9. Es predecible, presenta pocas variantes, pero le basta para competir y pelear por un título.

Ferretti anunció que cambiaría. No dijo en qué ramo. Si en su esquema, en la forma de entrenarse o de dirigirse a sus jugadores. No especificó. Pero advirtió.

Su primera labor para delinear su promesa ocurrió en la pretemporada del equipo. Solicitó a su directiva la contratación de quien fuera su maestro, el ex seleccionador del Tri, Miguel Mejía Barón, quien no dirigía desde el 2001.

Llegó para ser su auxiliar, pero por respeto a su jerarquía se le asignó un título de “colaborador” o “consejero”. Mejía Barón apareció en cada uno los entrenamientos del equipo al lado de Ferretti. Juntos comenzaron a diseñar nuevas variantes que hasta el sábado pasado contra Chiapas se destaparon.

Me atrevería a asegurar que al menos en su etapa como entrenador de Tigres, nunca vi que Ferretti jugara sin volantes extremos y por el contrario con un media punta (Gerardo Lugo) y dos atacantes nominales (Marco Ruben y Emanuel Villa). Incluso cambió a un 1-3-4-3.  Tigres se olvidó de atacar por afuera. Ferretti y Mejía Barón limitaron aún más a sus delanteros, cuya principal virtud se centra en el juego aéreo. Les tiraron puros pases frontales, de espaldas al arco y ambos se perdieron. Sin esos extremos, sin esos abastecedores, a Villa y Ruben los exhibieron.  Aún perdiendo en  El Volcán, era raro que Ferretti cambiara de formación. Y mucho menos que lo hiciera en dos ocasiones en un mismo juego.  Nunca antes había acabado su partido con tres punteros. Sin duda Ferretti ha cumplido. Ha cambiado. Ha escuchado a Mejía Barón. Pero ninguna de sus variantes ha cuajado. Quizá, porque el equipo está hecho sólo a su medida. O quizá, porque Mejía Barón está obsoleto.

jaime.garza@multimedios.com