Juego de poeta

El espejismo de la Sub-17

Créanme, me emocioné tanto como cualquier mexicano que gusta del buen futbol.  Felicito a El Potro Gutiérrez y sus jugadores por esta nueva Final en el Mundial Sub-17. Merecen un medido reconocimiento. Y es que valdría la pena aterrizar unas cuestiones antes de quedarnos a bailar en una fiesta de disfraces, donde pretendemos ganar otra peligrosa corona por nuestra falta de criterio para dimensionar un logro.

Ninguno de los chicos dirigidos por El Potro tiene garantizado un futuro tan promisorio como el que indica su presente. El vivo ejemplo de lo anterior es la generación que ganó el primer título de la categoría en Perú 2005. Todos ellos han batallado para llegar o consagrarse en Primera. Y muy pocos (como Moreno y Giovanni) han sido requeridos para la Mayor. ¿Qué ha pasado con aquel equipo campeón del 2005?, ¿han sido los jugadores los culpables?, ¿creyeron haberlo ganado todo?, ¿los promotores los acabaron?, ¿sus familias?, ¿la prensa?, ¿los entrenadores de los clubes?, ¿o simplemente no han sido tan buenos como cuando tuvieron 17 años?

Cuando veo a esta nueva generación alzar los brazos hacia el cielo me pregunto cuántos de ellos se perderán en el camino y quiénes serán la excepción. Hoy encuentro dos respuestas para entender el éxito de México en selecciones inferiores: tiempo e individualidades.

El tiempo que le invierten para reunir a todos los juveniles, sacarlos de sus clubes y entrenarlos por una temporada previa al arranque de una competición, es una ventaja que ha sido bien aprovechada por los nuestros. A ello habría que agregar que en las categorías inferiores no existe distancia entre selecciones potencia y México. Porque ellos aún no terminan por desarrollar a sus futuros cracks, capaces por sí mismos de cambiar una historia como la del 2006.

En aquel Mundial de Alemania, el Tri ofreció una de sus mejores exhibiciones. Pero Argentina nos eliminó.  Nosotros no fabricamos o terminamos por formar a jugadores de la talla de aquel Maxi Rodríguez. En síntesis, México no puede competir contra individualidades ya desarrolladas en Selección Mayor, pero sí puede hacerlo en selecciones inferiores con un buen trabajo en equipo, ése que no sólo llevó a Chucho Ramírez y al Potro al éxito, sino también a Tena y su Selección olímpica al ganar el oro en Londres 2012.