Juego de poeta

Que alguien con humildad les diga: "¡Thanks, USA!"

Antes de sacar la verde, pintarnos la cara y alzar los brazos para apoyarlos. Antes de sumergirnos en nuestro extraño patriotismo de recuperar nuestro orgullo. Antes de volver a cometer el mismo error de creernos superiores…

Antes de toda esta inevitable farsa, que alguien del Tri tenga la sensatez y la humildad de agradecerle a Klinsmann o a quien sea de la Selección de Estados Unidos por habernos rescatado del Mundial 2014.

A mí no se me olvida aquel 15 de octubre del año pasado en que nuestro rival de toda la vida, nuestro enemigo, nuestro odiado vecino, salvó a todo el gremio del futbol mexicano de un mayúsculo fracaso.

Un fracaso con el que cargarían cuerpo técnico y jugadores, pero especialmente los dueños del balón en nuestro país y su caparazón reconocido como FMF. Un fracaso que habría golpeado en la economía de nuestro país: desde patrocinadores que apostaron su dinero por el Tri, pasando por medios de comunicación y televisión, hasta restaurantes y pequeños negocios en torno al combinado nacional.

Gracias a la selección que se suponía nunca nos superaría en futbol (pero que ya nos eliminó en un Mundial), México pudo tomar su mano desde el precipicio para levantarse y afrontar una segunda y última oportunidad por clasificarse a la justa mundialista en Brasil.

En diferentes disciplinas, México podría deberle varios agradecimientos a Estados Unidos y en el futbol también ya le debemos uno.

Hoy, la Selección Mexicana de Futbol no jugará ante el reconocido vecino odiado, porque antes deberá odiarse a sí mismo por haber tenido que acceder a Brasil con ayuda secundaria.

Estados Unidos no tuvo que experimentar el sentimiento de vergüenza, ni tuvo que rogar a todas las vírgenes Marías por una ayuda divina. Ellos clasificaron con clase. Sin contratiempos.

Ellos estaban enterados que una derrota ante Panamá hundiría a México. Ellos perdían de visitantes igual que nosotros, pero ellos sí tuvieron la capacidad de levantarse para alimentar su orgullo ganador. Como en las películas hollywoodenses, ¡qué rescate! Pero yo diría: ¡qué lección!

Paradójicamente, mientras nosotros anhelamos cantarles una simple victoria en un juego amistoso como el de esta noche, ellos se concentran en vencer sus límites y seguir escalando peldaños que los lleven hasta la cumbre más alta. ¡Thanks, USA!  

jaime.garza@multimedios.com