Juego de poeta

"El Volcán" se cansó del "abanico"

Minuto 80. Tigres perdía 2-0 ante Querétaro. Yo me encontraba a nivel de cancha tan desesperado como muchos hinchas. Pronto levanté la mirada a la tribuna y algo despertó mi atención: mucha gente ya abandonaba el inmueble. Minuto 90 y el marcador no cambió, pero el humor de lo que quedaba del Volcán sí. Una cuarta parte de la afición había optado por vaciar sus butacas y evitarse la pena de abuchear a sus amados Tigres. El resto no tuvo piedad y les recriminó. Entonces hablemos de la Liga.

Escribo estas líneas antes del partido de anoche por el pase a la Final de la bendita Copa, un torneo alterno que al parecer está diseñado para quienes no son protagonistas en la Liga. Los Tigres del sábado cansaron ante los Gallos. Así de simple. Implementaron su Juego de Abanico  en todo el segundo tiempo y su público se aburrió, fastidió y les abucheó o los abandonó.

El Volcán que yo conozco permanece en su totalidad hasta el silbatazo final. Pero el Juego del Abanico  los obligó a abortar sus planes. Sólo los valientes se quedaron a sufrir una tortura que no les correspondía. Lo preocupante del sábado no fue haber recibido dos goles de un equipo modesto pero bien dirigido, sino la falta de recursos y variantes del mejor plantel de México para pisar el área con criterio y fabricar ocasiones claras de gol.

Los Tigres se dedicaron a pasear la esférica de derecha a izquierda, sólo merodeando el área rival, como si quisieran trazar un aburrido e ineficiente abanico.   Lobos se apoya atrás en Dueñas, Dueñas toca lateral a su izquierda, ahí aparece Salcido que también toca lateral a Pizarro. Pizarro proyecta hacia Burbano, avanza unos metros, aquí puede ser… pero vueeelve a retrasar la esférica a Pizarro. Y otra vez la misma historia”, narraba mi compañero Aldo Farías.   Después del tedioso concierto de pases laterales, me quedó claro que Tigres tiene prohibido triangular por el centro. Porque Pizarro sabe hacerlo y no se salió de su zona de confort y el juego terminó con la misma postura predecible. Sin arriesgar nada. Sin sorpresa alguna.

PD. En toda su carrera, Damián Álvarez nos ha enseñado que ha sido más productivo como revulsivo que como titular. Bien valdría la pena recordar su mejor época en los Tuzos.  

jaime.garza@multimedios.com