Juego de poeta

Conservador "versus" intrépido

Soy de los creyentes que un club refleja lo que su dueño y entrenador trasmiten y no lo que sus jugadores en la cancha. Los parientes Pachuca y León disputarán la primera Final entre sí, pero detrás de ambos existe un perfil que los diferencia.

Don Jesús Martínez Patiño y Jesús Martínez Murguía comparten lazos sanguíneos, pero muestran una imagen opuesta.

Desde que en 1993 le compró al gobierno del estado de Hidalgo el equipo Pachuca en Segunda División, Martínez Patiño comenzó a construir en su mente lo que hoy, después de 21 años, es la marca Tuzos.  Pachuca se ha hecho acreedor a varios reconocimientos académicos, sociales, comerciales y deportivos al acumular 5 títulos de Liga, 4 de Concacaf y una Copa Sudamericana, entre 1999 y 2007.

Todo parecería perfecto en el mundo tuzo, pero detrás de su gran virtud esconde un incómodo defecto: su perfil conservador.

Por alguna razón, Martínez ha fracasado con la imagen de su equipo que no termina por atrapar a la plaza, a la afición hidalguense. Ha apostado por una fórmula ganadora en el plano deportivo, pero perdedora en convocatoria. Se autonombró el equipo de México cuando ni siquiera su estadio se llenaba. Salvo Javier Aguirre, quien los coronó por vez primera (1999), ha apostado por entrenadores recatados, pero sabios. Por aquellos de respeto, pero aburridos. Por esos que no llaman ni contagian, pero ofrecen campeonatos. Martínez no se relaciona con los temperamentales Piojo, Boy, Caixinha, Lavolpe o Ferretti, sino con los calmados Tena, Vucetich, Trejo y Meza, porque comulgan con su perfil refinado.  En el 2010, Grupo Pachuca adquirió al León y Martínez Jr. recibió como juguete la dirección del club. En el 2012 se la jugó por el apasionado Matosas y juntos ascendieron. Un año después, ya en Primera, lograron el sexto título de Liga para el León, pero sobre todo una ferviente conexión con su afición.

El León no tiene universidad de futbol ni Salón de la Fama. Su estadio no está remodelado, pero a diferencia del Pachuca, su afición consume su marca.

Con su larga cabellera, barba desalineada, kilos de más y vestido con ropa casual, a sus 29 años Martínez Jr parece cualquier cosa menos directivo. No tiene la experiencia de su padre, pero con Matosas al frente proyecta una pasión que le ha faltado a Pachuca.

A partir de mañana padre e hijo se jugarán el orgullo familiar. Dicen que los dos ya ganaron, pero el domingo sólo uno lo hará: el conservador o el intrépido.   

jaime.garza@multimedios.com