Juego de poeta

Atlante de nadie

El cuarto descenso del Atlante me ha dejado con un sabor amargo. Porque este equipo, sin las leyendas del pasado, sin la afición que tuvo en sus inicios, jugó con amor propio para salvarse. Pero terminó pagando las deudas de anteriores proyectos y planteles, ausentes de alma y calidad.

¿Dónde están los atlantistas de corazón, a los que el club les dio mucho y hoy lo han abandonado? ¿Dónde quedó aquella grandiosa camada llamada Lavolpista?

Ricardo La Volpe estuvo, se fue y ahora es DT de Chivas, El Piojo Herrera dejó al Atlante por el América y hoy dirige al Tri, y Rubén Omar Romano estuvo dirigiendo al Puebla (por cierto, en este torneo, enemigo del Potro). Félix Fernández vive en Miami como comentarista y El Profe Cruz hace poco fue destituido como entrenador de Rayados.

Roberto Andrade dejó de ser auxiliar desde que El Piojolo cepilló de su equipo de trabajo; y ni hablemos de Manuel Lapuente, Mario García, Daniel Guzmán y René Isidoro, porque todos ellos fracasaron.  ¡Ah, se me pasaba! Luis Miguel Salvador es un exitoso dirigente en Rayados, y Guillermo Cantú intenta serlo en Veracruz.

Los amigos de José Antonio García lo abandonaron en el momento más apremiante. Un desconocido de la familia del Potro como Marini se apuntó para intentar rescatarlo.  Insisto: ¿dónde quedó el espíritu del Potro?, ¿en qué rincón se escondió su esencia?, ¿dónde quedaron los atlantistas?, ¿qué es ser un atlantista? ¡Que levanten la mano los atlantistas!

Crecí con la falsa idea que el Atlante era el equipo del pueblo. Pero el domingo, en medio de su agonía, no vi a ningún pueblo que le llorara.

Al viejo e histórico amigo llamado Atlante le detectaron muerte cerebral con los Santos de testigos.

jaime.garza@multimedios.com